Hay que actuar

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El domingo 18 de este mes celebraremos la II Jornada Mundial de los Pobres. Esta feliz iniciativa, instituida por el Papa Francisco el 13 de Junio, del 2017, nos interpela frente a una cruda realidad que lleva  a tantas personas a vivir en condiciones infrahumanas.

“Estamos llamados a ir al encuentro de las diversas situaciones de sufrimiento y margina­ción en la que viven tantos hermanos y hermanas que habitualmente designamos con el término general de pobres”, dice el Sucesor de Pedro.

Mirando esta realidad, el Papa nos advierte sobre una conducta en la cual podemos caer cuando deseamos hacer algo para remediar la situación de pobreza de tantas personas que viven olvida­das en su condición social. “A menudo me temo que tantas iniciativas, aun siendo meritorias y necesarias, están dirigidas más a compla­cernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre.”

En nuestro país, y en otras naciones del Tercer Mundo, nos encontramos con la implementación de  políticas sociales que no tocan las causas de la po­breza, quedándose mu­chas veces en paliativos que envilecen a nuestra gente, haciendo de los ciudadanos mendigos eternos.

Es que las dádivas y prebendas los convierten en esclavos de un destino aterrador. Sólo sirven para sostener una estructura de poder que cierra  los caminos hacia la dignidad.

Cuántos políticos aprovechan la miseria de los empobrecidos para hipotecarle su conciencia. Ellos se hacen más ricos mientras los demás se hunden en el abandono.

Que esta Jornada Mundial de los Pobres nos haga despertar de la indiferencia frente al clamor de justicia de los marginados. Redoblemos la solidaridad ante los que padecen hambre, insalubridad y falta de un empleo digno, porque como dice el Papa Fran­cisco “La pobreza no es algo buscado, sino que es causada por el egoísmo,  la avaricia y la injusticia.