Evangelización y Doctrina Social

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La Iglesia, morada de Dios con los hombres

60 La Iglesia, partí­cipe de los go­zos y de las esperanzas, de las angustias y de las triste­zas de los hombres, es solidaria con cada hombre y cada mujer, de cualquier lugar y tiempo, y les lleva la alegre noticia del Reino de Dios, que con Jesucristo ha venido y viene en medio de ellos.73 En la humanidad y en el mundo, la Iglesia es el sacramento del amor de Dios y, por ello, de la espe­ranza más grande, que activa y sostiene todo proyecto y empeño de auténtica liberación y promoción huma­na. La Iglesia es entre los hombres la tienda del en­cuentro con Dios –«la mo­ra­da de Dios con los hombres» (Ap 21,3)—, de modo que el hombre no está solo, perdido o temeroso en su esfuerzo por humanizar el mundo, sino que encuentra apoyo en el amor redentor de Cristo. La Iglesia es ser­vidora de la salvación no en abstracto o en sentido meramente espiritual, sino en el contexto de la historia y del mundo en que el hombre vive,74 donde lo encuentra el amor de Dios y la voca­ción de corresponder al proyecto divino.

61 Único e irrepeti­ble en su indivi­dualidad, todo hombre es un ser abierto a la relación con los demás en la socie­dad. El con-vivir en la red de nexos que aúna entre sí individuos, familias y grupos intermedios, en relacio­nes de encuentro, de comunicación y de intercambio, asegura una mejor calidad de vida. El bien común, que los hombres buscan y consiguen formando la comunidad social, es garantía del bien personal, familiar y asociativo.75 Por estas razo­nes se origina y se configura la sociedad, con sus ordenaciones estructurales, es decir, políticas, económicas, jurídicas y culturales. Al hombre «insertado en la compleja trama de relaciones de la sociedad mo­derna »,76 la Iglesia se dirige con su doctrina social. «Con la experiencia que tie­ne de la humanidad»,77 la Iglesia puede comprenderlo en su vocación y en sus aspiraciones, en sus limites y en sus dificultades, en sus derechos y en sus tareas, y tiene para él una palabra de vida que resuena en las vici­situdes históricas y sociales de la existencia humana.