Llegamos a octubre, mes dedicado a la misión y al Rosario, dos elementos importantes en la vida cristiana, pues como seguidores de Cristo estamos lanzados a llevar su mensaje salvífico a los demás y a promover esa comunicación profunda con él a través de nuestras oraciones o rezos, como el rosario, que por medio de hacer presente a la Virgen nuestra madre, llegamos hasta él.

Sobre la misión, estamos claros, teniendo presente el documento de Aparecida, todos los creyentes somos “discípulos misioneros”, estamos llamados a escuchar y seguir lo que nos dice nuestro maestro Jesús, a aprender en su escuelita, que es ser discípulo, y luego todo lo aprendido junto a lo vivido a su lado, la experiencia con Jesús, llevarla a nuestros hermanos que tanto lo necesitan, es decir, ser misionero, llevar la Buena Nueva del Evangelio, la cual hemos conocido y vivido.

Sobre el Rosario, el mes pasado celebramos el Mes de la Biblia, y una de las cosas que mucha gente objeta del rosarios es que son unos rezos, pero orar y rezar es lo mismo, el Rosario es una auténtica oración cristiana, en su estilo, pues hay variados estilo de oración y el rosario es una, pero también muchos en su ignorancia lo tildan de ajeno a la Biblia, y no es así, pues el rosario es una de nuestras oraciones más bíblicas que tenemos, pues comenzando por los misterios, todos se basan en textos o elementos bíblicos, por ejemplo los misterios gozosos, tenemos: 1) La anunciación del hijo de Dios (Mt 1,18-24 y Lc 1,26-38); 2) La visitación de María a su prima Isabel (Lc 1,39-45); 3). El nacimiento de Jesús (Lc 2,1-10); 4) La presentación del niño Jesús (Lc 2,22-32) y 5) El niño perdido y hallado en el templo (Lc 2,41-50): luego siguen los misterios luminosos, introducidos por el Papa San Juan Pablo II: 1) El bautismo de Jesús (Mt 3,13-17; Mc 1,9-11; Lc 3,21-22 y Jn 1,29-34); 2) El milagro de las bodas de Caná (Jn  2,1-12); 3) El anuncio del reino de Dios (Mt 4,12-17; Mc 1,14-15; Lc 4,14-20); 4) La Transfiguración del Señor (Mt 17,1-8; Mc 9,2-8 y Lc 9,28-36) y 5) La institución de la Eucaristía (Mt 26,26-29; Mc 14,22-25; Lc 22,19-20 y ICor 11,23-25): después los misterios dolorosos: 1) La oración de Jesús en el huerto (Mt 26, 36-46; Mc 14, 32-42 y Lc 22,40-46); 2) La flagelación del Señor (Mt,27, 26; Mc 15,15 y Jn 19,1); 3) La coronación de espinas (Mt 27,27-31; Mc 15, 16-20 y Jn 19, 2-3); 4) Jesús con la cruz a cuesta (Mt 27,32-33; Mc 15,23-27; Lc 23, 26-32 y Jn 19,17) y 5) La crucifixión del redentor (Mt 27,35-38; Mc 15,24-28; Lc 23,33-34 y Jn 19, 16b-18) y los misterios gloriosos: 1) La resurrección del Señor (Mt 28,1-8; Mc 16,1-8; Lc 24,1-10 y Jn 20,1-10); 2) La Ascensión de Jesús a los cielos (Mc 16, 19; Lc 24,50-53 y Hech 1,3-14); 3) La venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles ( Jn 20,20-23 y Hech 2,1-4); 4) La Asunción de la Virgen María  y el 5) La coronación de María como reina y madre de todo lo creado, no tienen una base directamente bíblica, pues se encarnan en la tradición y el magisterio de la Iglesia, pero tienen su base bíblica en: Lc 2, 46-56 e indirectamente en Apoc 12,1. Por lo demás el  Avemaría que se reza se inspira en: Lc 1, 26-45 y el Padrenuestro en: Mt 6,7-13 y Lc 11,1-4. El gloria que se da a la trinidad de Dios, podemos decir que permea toda la Biblia desde el Génesis hasta el último versículo del Apocalipsis.

Así pues que, la oración del Rosario nos coloca a nosotros ante los grandes misterios de la fe, que como hemos visto, están presentes en las Sagradas Escrituras. 

Hagamos en octubre y siempre esta hermosa oración de la Iglesia como parte de nuestra misión cristiana.