El Desierto, una experiencia

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Una práctica que lleva 24 años realizándose

Yo fui invitado a participar de esta experiencia por unos amigos laicos de Los Alcarrizos, y por el provecho sacado, la comparto.

Clareaba el día y nos íbamos reuniendo en la capilla San José, de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús, del barrio de Los Alcarri­zos. La capilla era pequeña, y ­llega­mos a ser pocos, no más de veinte y cinco. La música religiosa nos ayu­daba a recogernos, olvidarnos de los ruidos del mundo y poner nues­tros sentidos en la propuesta que se nos hacía.

Dedicar esa mañana de sábado a recorrer un camino entre las calles y callejones del barrio, y la belleza del Parque Ecológico de Los Alca­rrizos. El desierto es tentación y encuentro. Es la prueba de la ten­tación y la prueba de la presencia por excelencia.

Seríamos peregrinos de la experiencia de Desierto. El peregrino que se busca a sí mismo, a Dios con él, que repite la experiencia de Jesús en el desierto, que se confronta con su pecado y la tentación, que vence la tentación, que se hace uno con Jesús, que se reúne con sus hermanos en la Eucaristía, comunidad e Iglesia. ¡Encontrar en el silencio de una mañana primaveral la voz de Jesús en el dolor ajeno y actuar desde una postura de fe y de desprendimiento!

Al principio, vamos solos, cami­namos entre algún perro que ladra, una señora que se asoma, un hombre que sale a lavarse la boca y escupe en la calle, un curioso que pregunta si somos un grupo político ¿Son de Leonel? Se atreve a preguntar uno.

La experiencia de Desierto es una práctica de veinte y cuatro años de un grupo de jóvenes de la Iglesia de Los Alcarrizos. Ahora, lo anima Leonardo Martínez y su esposa Arisleyda, maestros, una pareja de padres de tres hijos.

Hacemos una parada en otra capilla, en la San Martín de Porres. Allí, una señora se pone al frente del grupo; y con un palo en la mano, nos hace la reflexión del bastón del peregrino, que nos ayuda a salir del fango y del pantano de la vida, y nos conduce al encuentro, y así vamos haciendo diversas otras paradas hasta terminar con la Eucaristía.

La música es un instrumento pastoral. “Algo cambia, cambia dentro de mí, cuando vivo la Palabra.” “Jesús cada mañana despertaba presuroso”; “Tu Palabra quiero vivir”. “Señor tú tienes pala­bra de vida eterna”, “Tú Palabra Señor es tierna.”  “Tus Palabras alientan mi vida.”

Vamos saliendo de las estre­checes y limitaciones del barrio, y nos adentramos en el Parque Eco­lógico de Los Alcarrizos. Paz, naturaleza… encuentro. Una ligera pendiente nos hace ascender hacia el encuentro. Es la tentación de los apóstoles de quedarnos en el Monte Tabor de la Transfiguración.

El camino es guiado por Ramón Valdéz y el diácono José Solano. Luego, Ramón Santiago, fundador del Desierto y Andrés Carmona dan nuevas pautas, hasta concluir con Francisco De la Cruz. Aquí celebramos la Eucaristía. La Eucaristía es envío. “Vayan en paz” es la invi­tación a “caminar con Jesús hacia los demás”.