El amor lo cura todo

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Entrevista a la profesora Altagracia Belliard

Blanca Altagracia Belliard Espinal, me­jor conocida como “Doña Altagracia” trabajaba como docente escolar todos los días, desde las 8 de la maña­na hasta las 5 de la tarde. Es entusiasta de la enseñanza, y le gus­ta aprender cosas nue­vas. Nunca había padecido malesta­res por enfermedad, pero todo cambió en el año 2014.

Empezó a sentir un dolor en el antebrazo derecho, y de noche solía sentir esos sínto­mas más fuertes, pero los ignoraba. “Quizás era por estar trabajando” pensó ella, y ­siguió con sus labores rutinarias. Un día, una monja visita a Alta­gra­cia y le señala que las venas estaban agran­da­das, y desde ese enton­ces se comunica con su hijo para ex­presarle los padeci­mientos. De ma­nera cómica, le dice a su hijo que la interne por­que no estaba se­gura de qué podría ser.

Tras hacerse varios estudios, biopsias, y análisis de sangre, se determinó que tenía un cáncer no Hodg­kin. Los resultados fueron enviados a los Estados Unidos, para evaluar el progreso del cáncer. Desde ese momento, comenzaron a aplicarle los tra­tamientos junto a la quimioterapia. Días después, doña Alta­gra­cia observa una pizca de sangre al orinar, y asiste nuevamente a donde una ginecóloga. Se detectó que tenía cáncer de útero, y se decidió ex­traerle los órganos reproductores para prevenir futuras complicaciones.

Durante este proceso, doña Altagracia estuvo bajo los cui­dados de su hijo, nietas, y la nuera. Cuenta que el amor, y la atención que recibió de parte de su fami­lia fue lo que la motivó a seguir adelante. Esta etapa duró un año, in­cluyendo el descubri­miento del linfoma ubicado en el antebrazo. Emocionalmente, no se sintió abatida. “Soy una persona cató­lica, deposité toda mi confianza en Dios”, “Si es tu voluntad Señor, que así sea”. “Me sentía protegida porque el amor lo cura todo”.

Asegura que mante­ner la comunicación con sus familiares, y depositar la confianza en Dios hace el ­transcurso más ligero.

El consejo que da doña Alta­gra­cia hacia aquellas personas que estén en tratamientos es el si­guiente: Dejarse llevar por el personal médico; son los mensa­jeros de Dios. Comer balan­ceado, y mantener el espíritu en alto para so­bre­pasar los obstáculos.