Mamá-abuela se encarga

0
11

Isabel Valerio Lora, MSc. 

isabelvlora@gmail.com

“No se trata de cuἁnto hagas, sino de cuἁnto amor pongas en lo que haces”. Santa Madre Teresa de Calcuta.

Una situación que pasan miles de hogares es la siguiente: los hijos se casan y dejan la casa paterna, la madre con dolor de su alma, llora su partida pero se siente feliz porque se independizaron y formaron sus propias vidas. Esos mismos hijos, por carencias económicas vuelven a casa de la madre, no vienen solos, llegan acompañados de esposa, hijos, deudas y todo en la casa comienza a cambiar.

Muchas cosas a nadie te explicó antes de esa mudanza son las siguientes:

Tu amor de madre se puede malinterpretar como obligación. Obligación de cuidar nietos,  corregirlos,  guardar comida hecha, casa  y ropa limpia, niños bañados, tareas hechas, de asistir a reuniones de escuela, y una larga lista de etcéteras. Si, aunque no lo creas, muchos hijos mantienen la idea de que ser madre es igual a sacrificios, creen que el amor que sientes por ellos se debe demostrar en todo lo que haces por ellos.

Dejas de ser tú, pierdes tu identidad, tu rol de dueña de casa, mujer, amiga, pareja, para convertirte en empleada de tu hijo, sin horario, sin sueldos y sin unas palabras de agradecimiento por lo que haces. A una edad en la que te encuentras cansada, sin fuerzas y sin atreverte a decir nada.

La crisis económica siempre será la excusa que justifica su estadía. Que no pueden pagar una casa, aun trabajando ambos, que el dinero no alcanza para pagar el cuido de los niños, y muchas veces también tienes que aportar los pagos mensuales, porque a ellos el dinero no les alcanza.

Los roles de la casa no están claros, antes eras la dueña y disponía las cosas a tu parecer. Hoy nadie sabe qué le toca hacer o qué le toca pagar. Recuerda como dicen los abogados, cuando no establecemos un acuerdo explícito o detallado, se impone el acuerdo implícito o conocido. La que siempre ha resuelto, o sea mamá, sigue resolviendo.

Desde el punto de vista psicológico, se invierte tu jerarquía, cuando otro adulto toma decisiones en tu casa y pone reglas, dejas de ser la dueña de casa, la que diriges y te conviertes en un sostén funcional. La que resuelve.

Tu esfuerzo tiene un costo psicológico que no se ve. El trabajo de cuidado no remunerado tiene consecuencias reales. Puedes padecer del Síndrome de burnout o síndrome del cuidador. Caracterizado por cansancio crónico, irritabilidad, insomnio, dolores musculares, apatía, entre otros.  

Sentimientos encontrados. Puedes tener una mezcla de resentimiento y culpa juntos. Por un lado, amas a tu hijo y nietos, por otro lado, tu cuerpo te pide a gritos que bajes el ritmo, que descanses, que te encargues de ti. Sientes resentimiento porque nadie te pregunta si ¿puedes?” o “¿quieres?”, solo escuchas un “te dejo los niños, cuídalos”, y todo lo demás.

Puedes estar presentando síntomas depresivos, manifestados en falta de deseos por cosas que antes te gustaban, desesperanza, tristeza, por un trabajo que haces y que nadie lo reconoce ni valora. Es ahí cuando tu cerebro interpreta que tu trabajo es invisible y que no vale para otros. 
Recuerda, poner límites no implica rechazo, no te hace mala, te hace una persona sana y que se preocupa por su bienestar. Es una forma de enseñar a tu familia, cómo deben cuidar a quien ha cuidado toda la vida.