Kirsis De los Santos de Checo

La República Dominicana continúa avanzando en el posicionamiento del turismo religioso, como un segmento estratégico para la diversificación de su oferta turística. Una muestra de ello fue la celebración del IV Encuentro de Turismo Religioso, realizado el sábado 24 de octubre de 2026, en el marco del 30 aniversario de la Bolsa Turística del Caribe (BTC), bajo el lema «Senderos de la Fe: fe, cultura y desarrollo como motor de destinos».

La jornada reunió a tour operadores, guías turísticos, desarrolladores de productos turísticos, representantes institucionales y agentes de la Pastoral de Turismo, junto a otros participantes interesados en conocer las iniciativas que se impulsan para poner en valor el patrimonio espiritual, histórico, cultural, arquitectónico y natural dominicano.

La Ruta del Encuentro: una apuesta por el patrimonio y las comunidades

La gran novedad del IV Encuentro fue la presentación de «La Ruta del Encuentro: camino al origen», un proyecto impulsado desde la Presidencia de la República, mediante el Decreto núm. 61-26, orientado a poner en valor el patrimonio histórico, cultural, arquitectónico, religioso y ecológico dominicano.

Uno de los planteamientos de mayor relevancia fue el papel protagónico que están llamadas a desempeñar las comunidades ubicadas en los tramos de la ruta. La propuesta busca que sus habitantes no sean únicamente receptores del flujo de visitantes, sino participantes activos en la construcción de las oportunidades de desarrollo que genere el proyecto.

El IV Encuentro de Turismo Religioso reafirmó la importancia de mantener una colaboración permanente entre el Ministerio de Turismo, el sector empresarial, los profesionales del turismo, las comunidades y la Iglesia, con el propósito de continuar desarrollando propuestas que integren la dimensión espiritual con el patrimonio y el desarrollo humano.

Para la Comisión Nacional de Pastoral de Turismo, Aeropuertos y Apostolado del Mar, estos espacios representan una oportunidad para fortalecer la presencia pastoral en el ámbito turístico, promover el cuidado de los lugares sagrados y acompañar iniciativas que contribuyan a tener una experiencia turística respetuosa de la identidad, la fe y la cultura de los pueblos.

El turismo religioso no se limita a visitar templos o santuarios. También permite conocer la memoria de las comunidades, descubrir las raíces de sus tradiciones y propiciar experiencias de encuentro que favorezcan el diálogo, la hospitalidad y el reconocimiento de la dignidad humana.