Cuando necesitamos detenernos

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“Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco.” (Mc 6,31)

Vivimos deprisa. Desde que comienza el día aparecen responsabilidades, mensajes, llamadas, compromisos, preocupaciones y asuntos pendientes. Terminamos una tarea y ya estamos pensando en la siguiente. Incluso, cuando nuestro cuerpo se detiene, muchas veces nuestra mente continúa corriendo.

Sin darnos cuenta, podemos acostumbrarnos a vivir así. Llegamos a pensar que detenernos es perder el tiempo o que descansar significa ser menos responsable. Sin embargo, llega un momento en que el cuerpo, la mente y el corazón comienzan a decirnos que necesitamos parar.

Jesús también conoció días intensos. Las multitudes lo buscaban, los enfermos esperaban ser atendidos y sus discípulos regresaban cansados de la misión. Precisamente entonces les dijo: “Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco”. Jesús comprendía que quien entrega constantemente necesita también recuperar sus fuerzas.

Detenernos no significa abandonar nuestras responsabilidades. Significa aprender a vivirlas de una manera más humana y más consciente. 

A veces necesitamos hacer silencio para reconocer cómo estamos realmente. Podemos estar resolviendo muchos problemas y, al mismo tiempo, descuidando nuestra familia, nuestra salud, nuestra oración o nuestra propia vida interior.

También nuestra relación con Dios necesita espacios de quietud. Es difícil escuchar su voz cuando vivimos permanentemente rodeados de ruido. Podemos rezar rápidamente, asistir a la Eucaristía y cumplir nuestros compromisos religiosos, pero sin detenernos verdaderamente a estar con Él. La oración no consiste únicamente en hablarle a Dios; también necesitamos guardar silencio y permitir que Él hable al corazón.

Detenernos puede significar apagar por un momento el teléfono, sentarnos tranquilamente junto a nuestra familia, contemplar la creación, descansar sin sentir culpa, visitar el Santísimo o simplemente permanecer unos minutos en silencio delante del Señor.

Incluso Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar. Si Él buscaba esos momentos de intimidad con el Padre, cuánto más los necesitamos nosotros.

Quizás no podamos cambiar inmediatamente el ritmo de todas nuestras responsabilidades. Pero sí podemos comenzar recuperando pequeños espacios en los que dejemos de producir, resolver y correr para simplemente estar: estar con Dios, con quienes amamos y con nosotros mismos.

Hay momentos en los que seguir adelante exige precisamente detenerse. Porque descansar también es reconocer humildemente que no todo depende de nosotros.

Tal vez hoy Dios no te esté pidiendo hacer algo más. Quizás simplemente te está invitando a detenerte, respirar, entrar en su presencia y recordar que antes de todas tus responsabilidades, logros y preocupaciones, eres su hijo amado.

Para meditar

* ¿Hace cuánto tiempo no me detengo verdaderamente a descansar y escuchar mi corazón?

* ¿Estoy reservando espacios de silencio para encontrarme con Dios?

* ¿Qué puedo cambiar esta semana para vivir con menos prisa y mayor presencia?

Dios les bendiga siempre.

Animooo 

Ysis Estrella Roman.