William Arias
El mes de octubre tiene muchas dedicaciones. Recuerdo que cuando era estudiante de primaria se nos decía que era el mes del árbol. Para nosotros los católicos es considerado el mes del Rosario y de la Misión y en algunos países, incluyendo el nuestro, está dedicado actualmente al Adulto Mayor.
En esta ocasión hablaremos de esto último, en clave de lo que está surgiendo en la Iglesia, que es la Pastoral de los Adultos Mayores, la cual solo se ve en el cuidado de los Hospicios, lugares de acogida para ancianos, pero esta es un universo muy amplio y que apenas en la Iglesia comenzamos a recorrer.
Aunque el Papa Francisco instituyó en la Iglesia el 26 de julio, día de San Joaquín y Santa Ana, abuelos de Jesús, la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), estableció en 1990 el 1ro., de octubre, como el día internacional de las personas de edad y a partir de ahí en nuestro país se considera a octubre el Mes del Adulto Mayor.
Ahora bien: qué es un Adulto Mayor y cuándo se entra en esta etapa de la vida; son unas cuestionantes que muchos no quieren plantearse y ante la cuales hay resistencias individuales de aceptación, pero por encima de todo eso, en nuestro país, a partir de los 60 años ya se entra en esta etapa, la cual tiene sus niveles, tales como: de 60 a 69 años: Adulto Mayor joven; de 70 a 79 años: Adulto Mayor; de 80 a 89 años: persona mayor de edad avanzada; de 90 a 99 años: persona muy longeva y de 100 años o más: centenario.
Tal vez el problema con esta etapa de la vida, si lo hay, es que se piensa que se pasa a ser una persona muy dependiente, que es el retiro de la vida, que todo término, que la muerte es el único horizonte inmediato, y no es así.
El comienzo de la adultez mayor no es el final de la existencia, en esta etapa de la vida se puede seguir trabajando en nuevos proyectos, de acuerdo al momento y a las posibilidades que se tengan, pues la vida no se detiene. Se puede seguir sirviendo a la sociedad y a la Iglesia, y aportar desde una nueva perspectiva humana y cristiana, pues se es portador de una memoria y experiencia de sabiduría y de fe; el Adulto Mayor tiene todavía mucho que dar y una misión por realizar.
En este octubre queremos que se revalorice la dignidad, los derechos y la participación del Adulto Mayor entre nosotros, en su familia, y combatir el abandono en que algunos, en situación vulnerable, se encuentran hoy día.
Por eso invitamos desde la Pastoral de Adultos Mayores de nuestra Iglesia, a que se celebre la vida de cada uno de ellos, se le agradezca, pues lo que somos y tiene el mundo de hoy, se le debe al trabajo de tantos que hoy están en este momento de la vida.
Que se integre a los mayores en la vida de las parroquias y de las comunidades, que se promuevan encuentros generacionales entre ellos y la juventud y los niños de hoy. Que se ayude a descubrir juntos el valor que tiene saber envejecer y que ello no significa que la misión que el Señor ha puesto en nosotros acaba, sino por el contrario, que hay nuevos mares a los cuáles él nos envía a pescar.
Que reconozcamos el trabajo de tantas religiosas y gente de bien que se dedica al cuidado de los que están en situación de vulnerabilidad, y en nombre de Cristo les cuidan, alientan y acompañan. El buen Dios hoy y siempre bendiga a nuestros Adultos Mayores.




