Sumaya Rodríguez

Una discusión puede comenzar por algo pequeño: una llamada que no fue contestada, un mensaje que llegó tarde, una salida con amigos o una opinión diferente. Lo preocupante no es que existan conflictos, sino cuando aprendemos a resolverlos mediante el control, la humillación, las amenazas o la violencia.

Construir relaciones saludables comienza por hacernos una pregunta: ¿qué estoy haciendo yo para construir la relación que quiero tener?

Todos queremos respeto, confianza, comprensión y tranquilidad. Sin embargo, debemos aprender que amar no significa controlar, vigilar o poseer. La confianza se construye respetando la libertad, los espacios y los límites de la persona que amamos.

También necesitamos comprender que el conflicto forma parte de la convivencia, pero la violencia no. Podemos sentir enojo sin agredir, expresar desacuerdos sin humillar y reconocer nuestros errores sin sentir que perdemos nuestra dignidad.

La prevención requiere involucrar a hombres y mujeres. A nuestros hombres debemos enseñarles que también es fortaleza escuchar, pedir ayuda, reconocer un error, manejar el enojo y respetar un “no”.

Pero hablar de relaciones saludables no significa ignorar la violencia que viven muchas mujeres y familias. Cuando aparece el miedo, el control, las amenazas o las agresiones, es necesario buscar ayuda y activar las rutas institucionales de protección y justicia.

La transformación comienza con una decisión personal: ¿qué puedo hacer para mejorarlo? Porque si queremos una sociedad más humana, justa y en paz, necesitamos comenzar por aprender a relacionarnos de una manera positiva. No basta con querer. Aprendamos a querer bien.