Hay un macizo central

que atraviesa nuestra tierra 

es enclave de La Sierra:

un santuario natural;

y está la Septentrional

que es el segundo pulmón 

de toda nuestra región 

esencial para la vida

la que se ve conmovida 

por una artera agresión. 

Sus montañas imponentes 

con numerosos raudales

y sus límpidos caudales 

de aguas resplandecientes.

En sus lomas los nacientes

llevan siglos de existencia 

y su importante presencia 

es el vital elemento 

que da a los pueblos sustento 

para su supervivencia.

Porque de esos manantiales 

abreva la población 

sirviendo de irrigación 

a riquezas forestales;

y la crianza de animales 

se sirve de sus corrientes:

los de tantos afluentes 

que tiene la cordillera 

bajando por su ladera 

en cristalinos torrentes.

La ambición de lo infrahumano

por los preciosos metales

ha puesto ojos letales 

y su fatídica mano,

en ese oasis montano

por el afán de riqueza

de una obcecada cabeza

que no piensa en los demás 

ni ha protegido jamás 

la madre naturaleza. 

La gente se ha levantado 

a defender sus recursos

rechazando los discursos

de quien su precio ha cobrado;

y es un deber del Estado

oír la voz popular 

no permitiendo instalar 

rapaces depredadores

afectando a pobladores