Visitando La Furnia de Gurabo

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Unos 34 grados se sentían en la RVS Cañón del Río Gurabo, conocida como La Furnia. El calor reverberaba y hacía lento el ritmo de la vida. Sin embargo, la presencia de las palomas rompía la aparente quietud.

La paloma turca (Patagioenas squamosa), habita los bosques montañosos de la Cordillera Central, desde donde desciende hasta el cañón para obtener calcio y otras sales minerales presentes en los estratos fósiles que afloran en sus paredes. Los mismos desempeñan una función esencial en la fisiología de las aves y son importantes durante la reproducción. La Furnia es uno de los más importantes lamederos naturales conocidos para la especie en la República Dominicana.

Recién se realizó el conteo de la presencia de estas aves en el área protegida, con 6,576 palomas en una jornada, prueba de la relevancia ecológica del sitio.

La Furnia alberga una diversidad de caprimúlgidos. Querebebes, Tóricos, Pintaguas y Brujas forman parte de la avifauna nocturna, aprovechando la abundancia de insectos y la complejidad del bosque.

A las dos de la tarde, la actividad se había reducido considerablemente. Aunque los golpes de los carpinteros y los cantos de los Julián Chiví resonaban a la distancia.

Alrededor de las cuatro, un Gallito Prieto irrumpió en el sendero en busca de alimento. La hora comenzó a tornarse favorable para la observación. La vida se hizo visible y pude observar algunas especies. 

Al salir dejé atrás el preludio de la noche: el llamado de los búcaros, el canto de los querebebes, las miríadas de grillos y esa sensación de profundidad habitada que existe donde la naturaleza conserva sus ritmos más antiguos.

La Furnia es un Área Protegida. Su manejo está a cargo de un equipo, liderado por la licenciada y ecóloga Brenda Ysabel Martínez.

A ellos mi gratitud por su dedicación y compromiso con la conservación de uno de los fenómenos naturales más singulares de la República Dominicana y más extraordinarios del noroeste del país.