Mons. Jesús Castro Marte

Obispo N. S. de la Altagracia

La nueva teología y el magisterio

La escena teológica está dominada en el occidente cristiano, por un lado, por el resurgimiento del interés hacia la exégesis de las Sagradas Escrituras y del legado de la enseñanza de los Padres de la Iglesia. Por otro, está dominada por una hegemonía temática en la que tiene predominio la incidencia del magisterio pontificio, sobre variados temas que terminan concitando el interés de los teólogos.

La producción teológica está muy entroncada con la enseñanza de los pontífices del Tercer Milenio. Es imposible no ver la renovación teológica, si no está conectada con las interpelaciones teológicas con las que los Papas han cundido el quehacer pastoral de la Iglesia Universal, obligando a no pocos a animarse a reformular planteamientos teológicos que se creyeron asimilados o superados, o simplemente a redescubrir el discurso cristiano en otras perspectivas más existenciales, disruptivas, intelectuales y hasta políticas, desde las cuales el testimonio cristiano está llamado a dar un nuevo enfoque.

Magisterio Pontificio

La Iglesia se entiende a sí misma como ávida de una presencia en el mundo más entusiasta, carismática y encarnada. He aquí que el magisterio del Papa León XIV adquiere la dimensión de una enseñanza que brota del grito mismo de la Iglesia. En buena proporción, se ha expresado en una exposición de la fe y el compromiso cristiano, que sale de las síntesis a las que se ha llegado en los sínodos del siglo XXI.

Prontamente, se descubre en la enseñanza de los papas una conexión vital con el quehacer eclesial y los remanentes de su afán apostólico por mantener una vinculación sapiencial. En diálogo con el mundo y respetando su autonomía, se vuelve una presencia profética y salvífica, fruto de la caridad pastoral.

Un orden nuevo, la nueva cuestión social

“A vino nuevo, odres nuevos” (Mt 9,17). El orden global se ha desdibujado: nuevas reglas, nuevos actores, nuevas realidades, nuevas gentes, nuevo todo. El mundo cambió y la vida de los pueblos y sus gentes hizo también lo propio. En una era de cambios, la Iglesia y los pastores pronto advirtieron una nueva cuestión social, marcada sobre todo por la asimetría o las brechas entre los distintos actores de la economía.

Se hizo palpable la irrupción de una cultura que trivializa el valor de la vida y la dignidad humana, que pone en entredicho la verdad y se decanta por el relativismo, que intenta redefinir lo humano sobre la base de nuevos y discutibles valores en torno al género, la eficiencia algorítmica o rendimiento automatizado y robótico, el desplazamiento humano basado en la utilidad y el imperio de las informaciones mediatizadas e interesadas por el sesgo de la conveniencia política o financiera.

La gran cosa que domina la teología le viene de una nueva categorización de la cuestión social, que está dominada por las cuestiones éticas y un grito global que busca nuevas reivindicaciones, ante una realidad marcadamente dominada por la desigualdad, las injusticias y la falta de un liderazgo que esté revestido de autoridad moral para guiar a los hombres y mujeres de hoy por otras sendas.

León XIV y la emergencia de un nuevo magisterio social

Aunque pareciera algo anticipado, se tiene que colegir que, dadas las circunstancias históricas, el Papa León XIV tiene ahora la encomienda de ser una especie de “conmutador doctrinal” del que dimane un enfoque nuevo de la cuestión social, que haga a la Iglesia aventurarse a ir tras un nuevo y renovado impulso misionero, en el que lo social sea una especie de nuevo kerigma en el que las gentes escuchen la voz de Dios como el compañero de camino que redefine la historia y las relaciones.

Una nueva Doctrina Social de la Iglesia se avecina, actualizando su legado bimilenario de justicia, paz, solidaridad, libertad y verdad, desde la cual el cayado de los pastores guía al rebaño y la luz del Evangelio se hace doctrina dadora de vida, fuego transformador y sabiduría que pone en paz todas las cosas.

La Iglesia se encamina a cambios importantes y la efusión del Espíritu Santo sopla en esa dirección graciosa y prodigiosa.