Esmirna Gómez
La Diócesis Stella Maris vivió un momento profundamente significativo con la celebración de su primera ordenación sacerdotal, en el marco de una solemne Eucaristía que reunió a autoridades eclesiásticas, fieles y comunidades parroquiales.
La ceremonia fue presidida por Monseñor Manuel Antonio Ruiz, concelebrada por Monseñor Benito Ángeles, obispo emérito, Monseñor Jesús Castro, obispo de la Diócesis de La Altagracia, Higüey, junto a los nuevos Ordenados, los padres Jesús Alberto de la Cruz y Víctor Manuel Acosta.
Asimismo, les acompañaron sacerdotes, diáconos, vida consagrada, seminaristas, familiares, feligreses y amigos de los ordenados, en este histórico acto, en que los acompañaron con fé y alegría en este paso trascendental para la nueva y joven diócesis.

En la homilía, Mons. Manuel Ruiz resaltó que esta ordenación es el nacimiento fecundo de la Diócesis en su misión evangelizadora: “Este día es muy especial, no solo para estos dos diáconos que serán ordenados, sino porque hoy Stella Maris ordena sus primeros dos sacerdotes. Esto quiere decir que se empieza a germinar la semilla de esta nueva diócesis”.
Inspirado en el Evangelio del Buen Pastor, hizo un llamado a vivir el sacerdocio desde el amor, la entrega total: “El buen pastor es el que da la vida por las ovejas. No como el asalariado, que se mueve por la recompensa, sino aquel que se entrega hasta el final por amor”.
Destacó que los nuevos sacerdotes han decidido consagrar su vida completamente al servicio de Dios y de su pueblo: “Hoy tenemos dos jóvenes que deciden entregar su vida para siempre, sacerdotes eternos según el ejemplo de Jesucristo, el buen pastor”.
Asimismo, recordó que la misión sacerdotal implica llevar esperanza, sanar heridas, acompañar a los más necesitados: “El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado a llevar la buena noticia a los pobres, a curar los corazones desgarrados. La tarea es grande”.




