Su voz es reconocida
y su nombre respetado;
un hombre que ha transitado
decoroso por la vida.
Su opinión, bien definida,
sin doblez ni duda alguna,
siempre firme y oportuna
contra el yugo y la opresión;
de frente a la represión,
Ese es Ramón de Luna.
Corrían tiempos terribles
en aquellos doce años,
donde hicieron tantos daños
que hoy parecen increíbles.
Sus posturas inflexibles
fueron del pueblo un baluarte,
y su figura, estandarte
de dignidad y decoro;
no lo compró nunca el oro,
porque su norte era Duarte.
Fue «La Situación Mundial»
aquel popular programa,
que se enfrentaba al cruel drama
perennemente en el dial.
Por eso ocupa un sitial
en el alma de la gente,
por su postura insurgente
que desafiaba el abuso
y al poder del gran intruso,
contra el cual fue intransigente.
Por su recta trayectoria,
solidaria y de servicio,
sin buscar el beneficio,
es tanto más meritoria,
hago la dedicatoria,
que considero oportuna,
y en esta noble tribuna
rindo honor bien merecido
al adalid conocido
como Don Ramón de Luna.




