Jimmy Drabczak
Camino de preparación para la gran consagración a San Miguel Arcángel «Revístanse de la armadura de Dios para poder resistir las asechanzas del diablo» (Ef 6,11).
En este camino de preparación hacia la Gran Consagración a San Miguel Arcángel, contemplamos hoy al cuarto coro de los ángeles: las Dominaciones.
La tradición de la Iglesia las presenta como el coro angélico que participa del gobierno de Dios y transmite sus designios a los demás coros. Su misión nos recuerda que toda autoridad proviene del Señor y solo alcanza su verdadero sentido cuando se ejerce con humildad, justicia y espíritu de servicio. Ellas nos enseñan también que la mayor victoria del cristiano consiste en dominar sus propias pasiones para permanecer fiel a Dios.
Durante la Edad Media floreció la institución de la caballería cristiana. Antes de ser armado caballero, el escudero se preparaba mediante la oración, el ayuno y un compromiso de fidelidad. La espada que recibiría era colocada sobre el altar, recordando que toda fuerza debía estar al servicio de Dios, de la justicia y de la defensa de los más débiles.
Aquel rito no era simplemente una ceremonia militar; era un verdadero compromiso espiritual. Así como las Dominaciones permanecen plenamente sometidas al gobierno de Dios, también el caballero cristiano prometía poner su fortaleza al servicio del bien y nunca de la ambición o del poder.
No es extraño, por ello, que desde aquella época San Miguel Arcángel comenzara a representarse con armadura y espada, como el Príncipe de la Milicia Celestial. Él se convirtió en modelo de valentía, fidelidad y entrega para quienes deseaban combatir el mal y servir únicamente a Dios.
También hoy los cristianos estamos llamados a una auténtica caballería espiritual. Nuestro combate no se libra con armas materiales, sino con la fe, la oración, la gracia de los sacramentos y la práctica constante de las virtudes.
San Pablo nos recuerda que nuestra lucha no es contra personas de carne y hueso, sino contra las fuerzas del mal que buscan apartarnos de Dios (cf. Ef 6,12). Para vencerlas necesitamos la fortaleza que el Señor concede a quienes confían en Él.
La consagración a San Miguel Arcángel expresa precisamente este compromiso. Quien se consagra reconoce que desea pertenecer plenamente a Cristo y pide la protección del Príncipe de la Milicia Celestial para mantenerse firme en el combate espiritual. No es un gesto mágico ni una promesa de una vida sin dificultades. Al contrario, significa aceptar con mayor conciencia que la vida cristiana exige vigilancia, fortaleza, perseverancia y una confianza absoluta en el Señor.
La historia de la salvación nos asegura, sin embargo, que el desenlace de esta batalla ya está decidido. Jesucristo ha vencido definitivamente al pecado, a la muerte y a Satanás. San Miguel Arcángel sirve fielmente al plan victorioso de Dios y proclama para siempre que nadie puede ocupar el lugar del Señor. Ningún poder puede prevalecer contra quien permanece unido a Cristo y vive bajo su gracia.
Prepararnos para la Gran Consagración significa renovar nuestra decisión de combatir cada día el pecado, rechazar las tentaciones y permanecer fieles al Evangelio. Como los antiguos caballeros prometían lealtad a su señor, también nosotros renovamos hoy nuestra fidelidad a Jesucristo, pidiendo a San Miguel Arcángel la fortaleza necesaria para perseverar hasta el final en el camino de la santidad.
Compromiso
Examina hoy cuál es la batalla espiritual que más necesitas librar: una tentación, un mal hábito, el resentimiento, la impaciencia o la falta de oración. Pide a San Miguel Arcángel la fortaleza para dar hoy un paso concreto hacia la victoria de Cristo.
Oración
San Miguel Arcángel, Príncipe de la Milicia Celestial, intercede por nosotros para que el Señor fortalezca nuestra fe y nos conceda valentía en el combate espiritual. Que, revestidos con la armadura de Dios, permanezcamos fieles a Jesucristo hasta el final y alcancemos la victoria de su Reino. Amén.




