Marino Grullón
“El sembrador sale a sembrar. Y mientras sembraba, unos granos cayeron cerca del camino: vinieron las aves y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, con muy poca tierra, y brotaron enseguida, pues no había profundidad. Pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron. Otros cayeron en medio de espinos: éstos crecieron y los ahogaron. Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos 100, otros 60 y otros 30 por 1…” (Mt. 13, 4-9).
Cuatro tipos de terrenos que guardan similitud con cuatro tipos de personas:
1- A orillas del camino el terreno es duro, es compacto, es impermeable. Los granos que allí caen no penetran en el suelo y, en consecuencia, no pueden germinar. Quedan como alimentos para las aves.
Hay personas así: duras de corazón, sin apertura a lo nuevo, impenetrables, inflexibles, encerradas en su propio mundo. Son como calles de una sola vía. Arrogantes, prepotentes y llenas de orgullo. No aceptan críticas ni cuestionamientos.
No se les puede contradecir. Por lo general, las frustraciones, los fracasos y los dolores no les hacen cambiar. Puede ser que actúen con inteligencia, pero no con sabiduría. A los inteligentes los mueve el orgullo y la arrogancia. A los sabios, la humildad.
2. El suelo pedregoso es un poco mejor que el camino duro. Tiene piedras, pero también un poco de tierra superficial. Ese poquito de tierra permite que los granos que allí caen germinen rápido, broten y que, incluso, echen algunas raíces. Pero éstas quedan a flor de tierra y el calor del sol las queme.
El tipo de personas comparables con ese suelo realmente son dispuestas, alegres, jubilosas y entusiastas, pero sólo cuando todo marcha bien. Una vez que llegan las dificultades, propias de la vida, quedan confundidas, atascadas, trabadas. Difícilmente vuelven a arrancar.
No entienden que no hay cielo sin tormentas ni día sin noche ni mar sin oleaje. Que a veces, es necesario un poco de dolor, para que las lágrimas que brotan de los ojos se conviertan en medicina para el alma.
Tampoco advierten el secreto de los árboles, que nos enseñan que mientras más pedregoso es el terreno y más le combate el viento, más profundas son sus raíces para buscar el agua y para sostenerse firmes.
3. El terreno espinoso no es duro ni tiene piedras. Es mejor que los dos anteriores. Los granos caen y encuentran tierra para sus raíces y agua para alimentarse. La semilla que allí cae no encuentra obstáculos para germinar, echar raíces y crecer.
Pero junto a la buena semilla, está también la mala: los espinos. Crecen sutilmente y en principio parece que no causan daño. Aparentemente hay lugar para ambas semillas. Al paso del tiempo, el espacio, la luz solar y alimentos empiezan a escasear y surge la competencia. Los espinos crecen más altos y finalmente acaban con la buena semilla, que a pesar de que tenían raíces profundas, no pudieron sobrevivir.
El terreno anterior representa a aquellas personas que, teniendo un pensamiento profundo y capacidad para luchar, amar…, no son capaces de soportar incomprensiones, presiones y las preocupaciones existenciales, asociadas a los afanes de riqueza, apariencia y poder. No entienden que todas esas cosas, al igual que los espinos, crecen a nuestro alrededor y pueden ahogarnos, si no sabemos lidiar con ellas.
Por lo regular, no se dan cuenta que las semillas de espinos forman parte de la vida, desde antes de nosotros nacer. Significa que ya están adaptadas… Es cierto que algunas preocupaciones son muy valederas y no podemos ignorarlas: educación, alimentación, salud, vivienda…, pero no podemos dejar que ellas nos controlen…Para poder crecer entre espinos, tenemos que aprender a vadearlas.
4. Finalmente, el terreno fértil es el suelo en el que todos quisiéramos sembrar. No hay problemas al echar los granos. Encontrarán agua y alimentos. Echarán buenas raíces, brotarán y producirán frutos.
Las personas que son como tierra fértil tienen capacidad de escuchar, de reflexionar, de querer aprender, de dar, de crecer continuamente… Sus valores y principios son firmes, con raíces cristianas. Se adaptan a situaciones trágicas y difíciles.
A pesar de caer, saben levantarse, recuperarse y seguir adelante. Se equivocan, saben que tienen limitaciones y que cometen errores, pero rectifican y aprenden de ellos.
Se sitúan por encima del orgullo, del individualismo y de cualquier otra miseria humana. Son personas capaces de entregarse, de servir y de amar de manera incondicional. Son abiertas, flexibles, autocríticas, comprensivas, sensibles…humanas.
¿En cuál de los suelos te sitúas?




