Me resisto a la violencia,
esa infame consejera
que quizás nos sedujera
para actuar con virulencia;
es una mala influencia
que nos lleva hacia el abismo,
nos empuja al belicismo,
a creernos ser más fuertes,
propiciadora de muertes
y también del fanatismo.
Cual sombra nos acompaña
como fatídica herencia,
y en su macabra presencia
impera el odio y la saña;
con su afilada guadaña
y su lengua tan falaz,
depredadora rapaz,
tan voraz cuan insaciable,
en ese afán despreciable
por despedazar la paz.
Es un ancestral instinto,
profundamente arraigado,
un incómodo legado
que no puede ser distinto;
y se niega a ser extinto,
cobrando fuerza y vigencia,
desafiando inteligencia
e imponiendo su dominio,
propiciando el exterminio
por la humana negligencia.
Dolores y sufrimientos
son su aporte permanente
en un mundo ya indolente,
marchito de sentimientos;
y seguirán los tormentos
con eventos luctuosos,
bélicos, delictuosos,
imponiendo su maldad
por falta de voluntad
y de intentos infructuosos.




