En las raíces de Juan XXIII

0
9

Manuel Pablo Maza Miquel, S.J.

La simpatía de Juan XXIII hacia los pobres, presente en sus encíclicas y sus directrices para el Vaticano II, tenía raíces profundas, no fue una pose hipócrita ante las cámaras.

El campesino Angelo Giuseppe Roncalli era pobre. El primer piso de su casa tenía a varias vacas como inquilinas. Fue secretario de Mons. Giacomo Radini – Tedeschi (1857 – 1914) desde que lo nombraron obispo en 1905, hasta su muerte. Radini-Tedeschi fue el capellán de la Opera Dei Congressi en Italia, una organización católica dedicada a la acción social y había fundado en 1906 la “Oficina de los obreros”, con sede en la “Casa del Popolo”. 

Radini – Tedeschi se inspiró en la encíclica Rerum Novarum (15 mayo, 1891) de León XIII, que reconocía el derecho a formar sus propias asociaciones y lo recomendaba. Un suceso de 1909 revela la mentalidad del obispo y de Roncalli.

Ochocientos obreros de la fábrica textil Ranica se lanzaron a la huelga en el otoño de 1909. Habían fundado un sindicato, “La Liga Obrera”. Los dueños respondieron despidiendo al líder sindical y amenazando con cerrar la fábrica. Los huelguistas pedían que su líder fuera reincorporado al trabajo y se les asegurase su empleo mediante contrato. 

La huelga estalló el 21 septiembre y la caja del sindicato estaba casi vacía. El periódico L’Eco de Bergamo inició un fondo en apoyo de los huelguistas. La primera contribución fue la del obispo Radini – Tedeschi.

Se desató la ira de los conservadores. El periódico “Perseveranza” tronó contra el obispo: “era la consagración de la huelga, una bendición otorgada a una causa abiertamente socialista”. Apelaron al papa Pío X para que desautorizara al “obispo rojo”.

Roncalli saltó en defensa de su obispo en “La Vita Diocesana”: “El sacerdote que vive a la luz del Evangelio no puede dar un rodeo y pasar al otro lado del camino [ver Lucas 10, 31]. El obispo fue el primero en colaborar con los obreros, porque tiene un deber de caridad hacia los débiles y los que sufren, para que venza la justicia.” Los párrocos apoyaron a los obreros hasta el final. 

Roncalli denunciaba la actitud de los llamados liberales que rechazaban toda intervención de la Iglesia en los asuntos económicos sociales, pero olvidaban que “la preferencia de Cristo fue para los desheredados, los débiles y los oprimidos” (Hebblethwaite, 1985: 64).