Sumaya Rodríguez
La mujer es, ante todo, una persona con dignidad, derechos y libertad. Sin embargo, aún persisten actitudes que la consideran propiedad de los hombres, lo que se traduce en violencia, feminicidios y familias destruidas. Cada caso no es una estadística: es una vida apagada, una madre, hija o hermana que perdió la oportunidad de seguir viviendo.
La violencia suele iniciar con señales que la sociedad normaliza: celos excesivos, control, amenazas disfrazadas de amor y frases como “ella es mía”. Eso no es amor, es violencia. El amor verdadero respeta, acompaña y protege; nunca humilla ni golpea. Nadie debe ser obligado a permanecer en una relación.
Hoy, la Constitución Dominicana reconoce los derechos de la mujer, basado en su dignidad e igualdad y los tratados internacionales como la CEDAW y la Convención de Belém do Pará obligan a los Estados a proteger los derechos de las mujeres. No obstante, las leyes no bastan si seguimos educando desde el machismo.
La educación comienza en el hogar: enseñar que amar no es dominar y que el rechazo no justifica la violencia. También debemos escuchar a las mujeres que callan por miedo o dependencia, y no minimizar las señales de alerta.
Defender los derechos de las mujeres es responsabilidad de todos. Cuando una mujer vive con miedo, toda la sociedad fracasa. Respetar su vida y libertad debe ser principio básico de humanidad. La mujer es sujeto de derecho, nunca un objeto.




