Uno piensa en Pascua y llegan a la mente imágenes de hace dos mil años: sepulcro vacío, ángeles, mujeres corriendo. Todo muy bíblico… y, si no tenemos cuidado, un evento muy lejano. Como si la Resurrección fuera un recuerdo bonito en el calendario.
El Nuevo Testamento no habla en pasado, habla en presente. San Pablo lo deja claro: “Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba” (Col 3,1). No dice “cuando resuciten”, dice “si han resucitado”. O sea: esto ya empezó. La Pascua no es solo un evento histórico, es una realidad que se activa en la vida del creyente, especialmente desde el Bautismo (cf. Rom 6,4). Entonces, ¿cómo se vive una Pascua “actualizada”?
Del sepulcro a la vida concreta:
Resucitar no es emoción de domingo, es salir de lo que nos encierra: pecado, rencor, mediocridad espiritual. La tumba hoy no es un sepulcro de piedra, es nuestro interior.
Buscar “lo de arriba” sin desconectarse de lo de abajo:
San Bernardo de Claraval, monje cisterciense, decía que el cristiano vive con el corazón elevado, pero los pies bien puestos en la tierra. No es huir del mundo, es ordenar el corazón. Trabajar, servir, luchar… pero sin perder el centro.
Pasar del “ver” al “creer”:
Los discípulos ven la tumba vacía, pero la fe se enciende cuando encuentran a Cristo vivo. Hoy ese encuentro pasa en la escucha de la Palabra, en la Eucaristía, en los sacramentos. La Pascua se actualiza ahí, no en la nostalgia.
Vivir en clave de esperanza real:
San Bernardo también hablaba de la vida cristiana como un camino entre dos venidas: Cristo que vino y Cristo que vendrá, en medio, Cristo que viene cada día. Por eso el cristiano no vive derrotado, vivimos en esperanza operativa.
Amar más (y mejor):
La señal más clara de la Resurrección no es un discurso, es una vida que ama distinto, más libre, más entregada, más real.
La Pascua no es repetir “Cristo vive” como lema de campaña política, es vivir como alguien que ya no pertenece a la muerte. Porque el sepulcro quedó vacío, pero la vida, ahora, te toca llenarla a ti. Aleluya, Aleluya.
Hasta un próximo encuentro,
Desde el monasterio.



