Juan Guzmán

He leído en los medios acerca de la situación ambiental en la presa de Hatillo, con razonables alarmas, por el resultado de los análisis realizados a las aguas del embalse y su contenido de cianuro.

Los niveles de cianuro encontrados oscilan entre 0.002 mg/l y 0.009 mg/l. La OMS establece como valor guía 0.07 mg/l. Por tanto, el riesgo para humanos es bajo, aunque el riesgo ecológico pasa a moderado.

El valor de 0.009 mg/L indica influencia generada por actividad humana, y esa concentración puede tener efectos en organismos acuáticos, con mayor relevancia al coexistir con concentraciones elevadas de metales pesados (cadmio y níquel), presentes en la presa de Hatillo.

El cianuro en agua existe en dos formas principales: en PH bajo HCN (ácido cianhídrico), la forma más tóxica y volátil, y en PH alto CN⁻ , la forma menos volátil.

El PH del agua en la presa es 7.94, predominando la forma HCN en un 90%. Por eso, aunque la concentración total sea baja, la fracción (HCN) dominante, eleva la toxicidad potencializada por su volatilidad, atravesando membranas biológicas con mayor facilidad, por lo que es más nociva para peces y organismos acuáticos, que pueden mostrar efectos desde 0.005 mg/L

Se podría afectar la reproducción de peces, alterar su comportamiento y aumentar la vulnerabilidad frente a otros contaminantes, ya que la combinación Cianuro + Metales + pH neutro-alcalino + exceso de nutrientes, puede generar efectos nocivos superiores.

El cianuro utilizado en minería aurífera (cianuro de sodio) puede degradarse rápidamente, oxidarse o formar complejos con metales. Por eso, concentraciones relativamente bajas no descartan influencia minera, ya que en sistemas con minería activa con gestión, los valores suelen encontrarse en rangos bajos pero detectables.

La aparición de trazos de concentración en el embalse, es un signo de zonas que los pescadores deben observar y evitar.

El embalse presenta riesgo significativo de bioacumulación de metales en peces y afectación crónica en la fauna acuática, con potencial impacto indirecto en salud humana vía cadena alimenticia.

¡Es tiempo de educar y acompañar!