José Jordi Veras Rodríguez – jordiveras@yahoo.com
Hace unos días, en la madrugada, que es cuando mayor conexión podemos tener con la oración a Dios. Y leyendo Marcos 9, 14–29, cuando Jesús sana al niño epiléptico, y ante la incredulidad de sus discípulos y quienes allí se encontraban, se dan estas dos situaciones, y donde la Palabra cobra poder.
…pero sí puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.
Ese padre había buscado hacer de todo para curar a su hijo de lo que entendía era un demonio que le impedía su vida normal. Y pensaba que todo estaba en su control resolverlo, como muchos de nosotros que pensamos que tenemos que vivir en preocupación, en vez de entender que existen cosas que no están en nuestras manos, sino en la fuerza y presencia Dios. Que a veces, se vale no hacer nada y permitir que El sea quien obre, eso es parte de tener fe.
Que debemos soltar el control al cual hemos estado acostumbrados, pero es parte de tener temor, a que si no es así, nada sucederá. Sin embargo, siempre existirán situaciones que nos enseñarán, que debemos aprender a dejar en sus manos y confiar en que quien todo lo puede hará su obra.
La otra parte del texto, que deseamos que quede en el ánimo de cada quien llegue este escrito, cuando los discípulos no entendían, porque ellos, a pesar de haber recibido el poder de Jesús de curar, no habían podido hacer nada por el niño, y es cuando el Hijo de Dios, les dice: Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración.
Y le agregamos, existen circunstancias por las que quizás todos hemos pasado, y es cuando hemos orado, hemos hecho de todo lo que está en nuestras manos pero nada resulta ni se soluciona. La única manera de que algo ocurra, es orar más fuerte y con mayor devoción, pero no abandonar, no rendirnos, porque: ¿Ustedes creen que todos aquellos personajes de las Escrituras fue a la primera que todo les sucedió? Claro que no. Recordemos a Moisés, todo cuanto tuvo que pasar. Abraham, la prueba a la que fue sometido. Y qué decir de Job. Sin embargo, a cada uno de ellos y los demás, supo bendecirlos, escuchándolos.
Entonces, hay varias cosas para aprender a soltar, basado en el Salmo 37:5
5 Encomienda a Dios tu camino, y confía en él, y Él lo hará.
Más claro, ni el agua, o deseas que te lo digan más directo.
De esto, sacamos lo siguiente: -Deja ese cansancio mental que está acabando contigo, libérate de aquello de lo que no tienes control y solo asume sobre lo que está en tus decisiones.
-Dile a Dios: toma tú el control, porque todo lo que estaba a mi alcance, ya lo hice.
-Dejemos de pelear contra aquello que no podemos. Ten mayor fe en la voluntad de Dios.
-A veces hay cosas que no cambiarán afuera, pero al menos, cambiarás tú por dentro.
-No forzar las cosas que no dependen de ti. No cargues lo que no te corresponde.
-Deja hasta aquí tus preocupaciones y ocúpate de lo que sí depende de tus
decisiones.
-Tú comienzas aquí, Señor. Obra donde mis fuerzas ya no pueden.
De una vez y por todas, aprendamos que llenarnos de ansiedad por lo de ayer y por lo de mañana, solo nos quita días y años de vida. Nos apaga, nos aleja de las soluciones, nos debilita y nos hace rendir ante aquello que busca destruirnos. ¡Ánimo!, aprendamos a soltar.




