Ventana

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“Como te olió a longana, por qué no te olió a venta­na…”, dijo el pícaro lazarillo al ciego, que no sabía que estaba abierta la ventana, con la que se golpeó al pasar. Pero ya la mayor parte de las ventanas no golpean a los ciegos: ni las de las computadoras u ordena­dores, ni las de las tabletas, ni las de la televisión… Por supuesto, ventana viene de viento (latín: ventus), y aunque por ella entren la luz o los rateros, solo el viento le da nombre. Y originalmente son solo eso: un respiradero, porque la ventana verdadera en castellano era llamada hiniestra (del latín fenestra, de la que nos queda el verbo defenestrar).

Como el viento también entra en las personas, por la respiración, se llamó ventanas a los orificios nasales.

Y como, por distintos motivos, hacia el siglo XVI desapareció del castellano la palabra hiniestra, quedó reinando sola la palabra ventana, trátese de casas o de fosas nasales. Windows (Ventanas) es el popular programa para computadoras. Quien sabe un poco de in­glés, oye también soplar el viento en este término.

La palabra window procede de vindauga (en la len­gua de los pueblos nórdicos: Noruega, Suecia…), y  significa: un ojo del viento. Y en realidad era un hueco en la pared, para que entrara el viento. (vindr es ‘viento’ y auga, ‘un ojo’). Luego, en el Inglés Medio, el término pasó a ser windoge, y el Inglés Moderno lo convirtió en window.

Si se piensa que los feroces guerreros nórdicos fue­ron muy poéticos al llamar a la ventana ojo del viento, no se olvide que en castellano, quizá porque los ojos son acuosos, brillantes, redon­deados, a un pequeño lago o manantial se le llama Ojo de agua (varios en nuestro país), Ojo Caliente (lugar de aguas termales, Méjico)…