Una pequeña catequesis sobre la Resurrección

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Preguntas que pueden ayudar a nuestra reflexión.

  1. ¿Qué te llama la atención en esta lectura? ¿Qué te impacta?
  2. ¿Será verdad que los cristianos no valoramos la resurrección de Jesús?
  3. ¿Cuál es la importancia de la resurrección?
  4. Relaciona estos 2 elementos: resurrección de Jesús y comprensión de las Escrituras.
  5. ¿Cómo entender esta expresión “el Mesías tenía que padecer”? ¿Cuál es el peligro de esa expresión?
  6. ¿Cuál es el significado profundo de la resurrección?
  7. ¿Qué te enseñan las observaciones de Fitzmyer sobre la resu­rrección en los Evangelios?
  8. ¿Qué importancia tiene el que la primera comunidad también invocara a Jesús como antes había invocado a Yahvé?
  9. Dónde encontramos a Jesús hoy en día? Él les decía a los discípulos: — vayan a Galilea, allí me verán–. ¿Cuál es nuestra Galilea?Pascua olvidada, pero ¡Cristo es nuestra Pascua! (1 Corintios 5. 7)

    Cualquiera pensaría que los cristianos valoramos más los cuarenta días de cuaresma que los cincuenta días para celebrar la Pascua. ¿Por qué nos sucede esto? No acabamos de adentrarnos en el sentido de la resurrección. Veamos tres puntos.

    En primer lugar, ¿con qué derecho se habría podido creer en Jesús de Nazaret, descalificado por la cúpula religiosa de Israel, condenado a una muerte ignominiosa por blasfemo y agitador?

    En su experiencia de Jesús resucitado los primeros discípulos capta­ron que Dios tomaba partido a favor de Jesús, rehabilitando su causa y su persona, “…entérese bien todo Israel de que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús a quien us­te­des crucificaron” (Hechos 2, 36).

    Segundo, la vivencia de la resu­rrección proveyó a la primera comunidad con la clave de interpretación de las Escrituras. Los Evangelios nos presentan muchas veces a Jesús haciendo tal o cual cosa para que se cumpliesen las Escrituras. Ellas van iluminando la vida de Jesús, pero nunca olvidemos que Jesús es La Pa­labra de Dios, Jesús resucitado es el único y verdadero intérprete de todas las Escrituras. ¡Los que condenaron a Jesús y lo llevaron a la muerte conocían y citaban las Escri­turas mejor que los discípulos de Jesús!

    Todo cristiano está llamado a revivir la experiencia de los discípulos de Emaús a quienes Jesús aclara el sentido profundo de las Escrituras: “…comenzando por Moisés y ­siguiendo por los Profetas, les expli­có lo que se refería a él en toda la Escritura” (Lucas 24, 27).

    Tercero, desde la resurrección de Jesús, el crucificado, la primera comunidad empezaría a comprender algo que nunca comprenderemos plenamente, ni los cristianos, ni la humanidad: que el Mesías tenía que padecer. Es decir, todo el que luche por la  justicia y la verdad será víctima de los poderes dueños de toda situación humana donde se muevan intereses, desde el presupuesto na­cional hasta del inmigrante más pobre e inde­fenso.

    Quien acepta que hay un Dios, acepta que es más fuerte que la muerte, pero no necesariamente aceptará que el Mesías sea cruci­fi­cado.

    La resurrección es la confirmación del Padre del camino y de la persona de Jesús crucificado. Esto nos escandaliza y nos queda tan grande que sólo lo captamos gracias al Espíritu.

    Sin la resurrección, los cristianos somos los tontos que compraron un billete entero pelado. Si Jesús ha re­sucitado, ¡hemos apostado al mismo número de Dios! Comentar 1ª Co­rintios 15, 1 – 58).

     

    ¿Qué significa la resurrección ?

     

    1. Es la realización del reino anunciado por Jesús. Esta reali­za­ción es distinta de la imaginada por Jesús, pero confirma su anuncio, su pretensión y su vida de una manera plena.
    2. Es el sí irrevocable de Dios (2da Corintios 1,). Queda eliminada la ambigüedad sobre la vida de Jesús, no fue ni blasfemo ni subversivo.
    3. En la resurrección se realizan las promesas, ya Dios ha cumplido su palabra, aunque todavía no se realiza plenamente en nosotros.
    4. Por la resurrección, la causa de Jesús ha pasado a ser irrevocablemente el propio Jesús.

    La resurrección revela a Jesús como “Señor [divino] y Cristo” [en él se cumplen todas las promesas y la historia de salvación llega a su plenitud] (Hechos 2, 36).

    Fitzmyer nos hace cuatro observaciones claves a la hora de tratar la resurrección:

    1. Ninguno de los evangelios des­cribe “la salida de Jesús de la tum­ba”. El Evangelio Apócrifo de Pedro, sí lo hace. 2. El Nuevo Tes­tamento, “nunca presenta la resu­rrección de Jesús como “una resu­citación, 3. El Nuevo Testamento da a entender que “cuando se aparecía el Cristo resucitado, se aparecía des­de la gloria. 4. Fitzmyer señala esta aparente contradicción: la Es­critura nos enseña que el Resucitado es el crucificado, y al mismo tiempo, se afirma que no fue reconocido ni por los discípulos, ni por María M. La primera comunidad judeo-cristiana: concibió corporalmente la Resurrec­ción.

     

    Sobre el origen de la fe pascual.

     

    ¿Qué la provocó? Se puede de­du­cir del cambio en los discípulos.

    Hechos prepascuales: fe inicial, seguimiento de Jesús, huída al caer preso, regreso a Galilea luego del prendimiento y crucifixión de Jesús.   Postpascuales: vuelta repentina a Jerusalén, inhóspita y peligrosa, congregación de la primera comunidad, proclamación de la resurrección/ exaltación de Jesús, comienzo de la misión y desarrollo tempestuoso de una cristología diferenciada.

    “Ha debido ocurrir algo que en un breve período de tiempo no sólo ha provocado una transformación completa de sus sentimientos, sino… que los ha capacitado para una actividad. Ese ‘algo’ es el núcleo histórico de la fe pascual” (M. Dibelius, 118).

    “Pero, ¿qué fue ese “algo” que postula el historiador y que desencadenó la fe pascual? Debe concebirse al menos como un impulso nuevo, tan fuerte, tan evidente y centraliza­dor de tendencias divergentes que pueda explicar la unanimidad sorprendente y el asombroso dinamismo del nuevo comienzo pascual frente a la muerte de Jesús como criminal y maldito.”

    Esfera de la vida

    y la eficacia de Dios.

    Desde ese poder divino puede aparecerse y procurarse testigos, tal y como Dios lo había hecho.

    Según el N.T. “la fe pascual se remonta a experiencias por las que a los primeros testigos les resultaron evidentes la presencia efectiva, viva y personal del crucificado entre ellos y la correspondiente acción escato­lógica de Dios. La manifestación del resucitado por parte de Dios –es decir, su libre auto manifestación–, que tiene el carácter de un encuentro no producido por sí mismo, fue el impulso nuevo. Tal manifestación superó el escándalo y la desespe­ranza del viernes santo y a la vez desencadenó el dinamismo increíble del nuevo comienzo pascual…

    Las confesiones más antiguas de la fe pascual.

    1. “Dios ha suscitado a Jesús de entre los muertos, “lo exaltó”, “le ha vivificado”, “lo ha constituido en Mesías/ Señor/ Hijo de Dios” Ma­ranatha.

    “Continuando su acción creadora en el mundo y su actividad redentora en la historia de Israel, Dios ha actuado escatológicamente [de ma­nera definitiva] en Jesús muerto y le ha hecho revivir.

    De esta manera, Dios ha justificado al Jesús rechazado en apariencia y a sí mismo se ha demostrado como quien Jesús había afirmado y exigido [¿reclamado?] –como dándole ma­yor crédito–: aquel Dios que en todas las circuns­tancias acoge, sostiene y salva a los dados por perdidos”. Por lo tanto, en Jesús, Dios ha actuado de manera definitiva. Y esta experiencia, fundamenta la nue­va misión de los discípulos de Jesús.

    1. La antiquísima invocación ara­mea maranatha (“¡Ven, Señor nues­tro!”)

    1ª  Corintios 16, 22; Didajé 10, 6 y su traducción griega, que ya em­pleaba la primera comunidad (Apo­calipsis 22, 20). Se invoca desde ahora a Jesús y se pide su pronto regreso.

    Esto es inaudito: “desde el punto de vista judío: de cara a la salvación la sinagoga sólo invocaba a Dios, nunca al Mesías”. Pero se invoca a Jesús que aparece a la diestra de Dios (Romanos 10, 9.12s; Hechos 22, 16). Se bautiza en su nombre (Hechos 2, 38; 8, 16; 10, 48; 19, 5).

    ¡Y todo esto por hombres judíos, que conocían el Shema, Deutero­no­mio 6, 4 “Yahvé nuestro Dios es único”.

    Observa este esquema que se repite en las “apariciones”: cerrazón – solución individualista porque se interpreta la cruz como fracaso –no reconocimiento del Resucitado –en­cuentro por iniciativa del Resucitado – Jesús se deja ver desde la dimensión de Dios –reinterpretación – Don Espíritu – misión.

    A la hora de creer y de orar, no­sotros estamos delante del mismo Cristo resucitado que Pedro y Juan. A la hora de creer y orar al Cristo re­sucitado, ¡los apóstoles no nos llevan ventaja! En cierto sentido, según el mismo Jesús resucitado, nosotros somos más dichosos, porque cree­mos sin haber visto (Juan 20, 29)  y pode­mos apoyarnos en su testimonio de los apóstoles, los testigos que Jesús mismo se escogió para testimoniar sobre su resurrección (He­chos 5, 32).

    Nosotros podemos leer en una sola colección todo el Antiguo Tes­tamento, las Escrituras, cuya clave es Jesús resucitado. Él es quien acla­ra las Escrituras (Lucas 24, 45 – 46), pues Él es La Palabra (Juan 1, 1) que aclara todas las palabras. Pedro, Juan y los demás apóstoles no tenían los libros del Nuevo Testamento que nos adentran en el testimonio, las celebraciones y la fe de las primeras comunidades donde el Resucitado desplegó su fuerza.

    Preguntas para ayudar la refle­xión personal y el diálogo con el Señor. Sentir todo esto:

    1. Jesús crucificado, vive el abandono. A los discípulos abandonados y en medio de la persecución, Jesús les sale al encuentro para consolarlos y confirmarlos, aunque las puertas estén cerradas y la mente embotada.
    2. Jesús comunica su vida nueva a los discípulos para una nueva vida.
    3. ¿Dónde encontramos a Jesús y dónde nos encuentra hoy en día?

    Enviados y enviadas por Jesús bajo la fuerza del Espíritu, lo encontramos en la misión.