Una nueva jerarquía de valores

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Cuando Jesús pide dar un sí o un no y respetarlo está invitando a que cada uno se haga responsable de su relación con la verdad

 

 

 

En el Evangelio de la liturgia de este domingo, lo mismo que en el próximo, se nos propone dete­nernos en la parte central del llamado Sermón de la Montaña. Comprende los versículos 21-48 del capítulo 5 del Evangelio se­gún San Mateo. Y trata sobre la relación con los demás. Después, en los capítulos 6 y 7 Jesús abordará la relación con Dios y con las cosas. Recoge así en su principal discurso, según este evangelista, las tres expresiones relacio­nales vividas por el ser hu­mano.

Tres temas sobresalen en la parte del discurso que se nos propone para este domingo: la supe­ración de los conflictos, el comportamiento hacia la mujer y la relación con la verdad. Miremos cuál es la propuesta del Maestro.

Para muchos, tanto ayer como hoy, la forma más fácil de resolver un conflicto es eliminando al oponente. Por eso el mandamiento ­prescribe: “¡No matarás!” Jesús ra­dicaliza este imperativo haciendo notar que matar no solo se refiere a la desaparición física de la persona; también la injuria y la herida provocadas con palabras pueden ser formas de asesinato. El Maestro alerta sobre la importancia de poner atención cuando la maldad se comienza a gestar en el corazón. Él sabe que ahí comienza todo, y solo después pasa a la cabeza (se maquina la for­ma de ejecutar) y a “las manos” (la ejecución del hecho homicida). Tal vez por eso el centro de las biena­venturanzas lo ocupa aquella que dice: “Dichosos los limpios de co­ra­zón, porque ellos verán a Dios”. No se debe dejar envenenar el cora­zón: “todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será pro­cesado”. Antes que la acción mala se debe poner cuidado al corazón malo para alcanzar la reconcilia­ción, antes que se llegue al asesi­nato en cualquiera de sus modalidades.

En cuanto a la relación con la mujer insiste en que no debe estar motivada por las fuerzas naturales e instintivas del deseo. También aquí Jesús se coloca un paso anterior a lo prescrito por la ley de Moisés: el comportamiento del hombre ante la mujer no debe comprender solo las acciones, sino sobre todo el deseo. Por eso alerta que el hombre, ser ra­cional, no puede dejar sus sentidos gobernarse por sí mismos (manos y ojos), sino que deben estar sujetos a la fuerza de la razón. Esto po­dría resultar muy doloroso para el hombre. Por eso utiliza dos imágenes bastante fuertes: cortarse la mano o sacarse el ojo. Son expresiones que indican lo doloroso que resulta para el hombre afrontar la situación.

El tema de la relación con la verdad aparece vinculado en el Evangelio de hoy con el hecho de jurar o no jurar. No hay que llegar a ese extremo. También hay falsos juramentos. Lo que Jesús quiere es que sus seguidores sean amantes de la verdad, que tomen posición ante ella y no involucren a Dios en sus asuntos. Eso iría contra el versículo que manda no tomar el nombre de Dios en vano. Cuando Jesús pide dar un sí o un no y respetarlo está invitando a que cada uno se haga responsable de su relación con la verdad. Dios no debe ser puesto por testigo. El testigo del hombre será él mismo y sus acciones. A la verdad se le hace justicia haciendo coincidir lo que se siente con lo que se piensa y se hace.

En todo esto Jesús no pretende otra cosa que mostrarnos una nueva jerarquía de valores. Su pretensión no es abolir lo mandado por la Ley, tal como él dice, sino darle su verdadero sentido: la Ley debe estar al servicio de la convivencia humana, del respeto al otro y, sobre todo, al servicio de la verdad.