A un amigo cura alguien parece un tanto curioso le habló de que si era un evangelio en cuatro evangelios o si en rea­lidad estamos ante cuatro evangelios y nada  más, parece un trabalenguas, pero si es un punto interesante debatido a lo largo de la historia bíblica de la Iglesia.

En primer lugar la pa­labra evangelio es de raíz griega, ya Homero, en la Odisea hablaba de evangelio como la recompensa que se le da al que trae una buena noticia. Más adelante el término pasó a significar la buena noticia en sí, como cuando se anunciaba una victoria de guerra, la entronización de un nuevo rey, el naci­miento del heredero al trono y así, paso a signi­ficar buena noticia, buen anuncio, buena nueva.

En la Biblia, en la versión griega  del  Antiguo Testamento, la Septua­ginta, aparece el verbo evangelizar en la segunda parte del profeta Isaías (40,9; 52,7 y 61,1-2). Es­to ha influido tanto en el cristianismo que Lucas lo toma como referencia en 4,18-19 y se alude en otros pasajes. 

Ahora bien, él que pri­meramente lo usa hasta 70 veces en sus escritos es Pablo, el utiliza “evangelio de Dios” y “evangelio de Cristo”, como la buena noticia para anunciar, sobre todo a los pa­ganos y para fundamentar su autoridad apostólica, es decir que cuando Mar­cos, lo utiliza para designar su escrito ya el término estaba muy presente en las comunidades cristianas.

Pero si bien es cierto Marcos es el primero en asignar a la palabra un significado distinto al que Pablo y las comunidades cristianas le dieron en su momento (Mc 1,1), él utiliza el término para refe­rirse al quehacer de Jesús en la llamada vida pública, unido al relato de la pasión y la posterior tra­dición de la resurrección.

 Ahora bien en Pablo el evangelio era la proclamación oral, su contenido era la muerte y la resurrección de Cristo, junto a la esperanza de la parusía final, es decir, al comienzo no era un libro, era la buena noticia de la salva­ción, más tarde a esta presentación que se pone por escrito y se matiza en de­talles de la vida de Jesús, ya que Pablo no dio y al parecer no le interesó tal cosa, se le aplica el término evangelio y finalmente hacia el año 150 d.C. Tenemos cuatro muestra en Marcos, Mateo, Lucas y Juan, a los cuales se le da el nombre de evangelistas. 

Hay otros que también intentaron escribir evangelios, pero no llegaron al rigor de inspiración de los que tenemos y se consi­deran apócrifos, y de esos hay bastantes, como también hubo intentos de fu­sionar a los cuatro en uno solo (El Diatessarom de Taciano) y también de su­primir algunos y dejar uno solo (como Marción que solo conservó a Lucas).

 La Iglesia en cuanto a las Escrituras siempre ha rechazado cualquier in­tento de reduccionismo, y más en el caso de los evangelios, para ella los datos que los cuatro presentan se refieren a un mismo hecho. Son testimonio de un mismo acontecimiento: la salvación traída por Cristo, por lo tanto: hay un solo Evan­gelio, hay una sola Buena Noticia presentada de modo diverso y complementaria en los cuatro evangelios: Marco, Ma­teo, Lucas y Juan.

Antes de ser puesto por escrito ya el evangelio estaba en la Iglesia, y este evangelio único es el que subyace en los cuatro evangelios y ellos autentifican este hecho salvífico antes de ser puesto por escrito.