P. Guillermo Perdomo S.J.  

Tuve la dicha de acercarme al Santuario Diocesano de La Altagracia, en Loma de Cabrera, este 21 de Enero del año jubilar.  Es la primera vez que viajaba desde Radio Santa María. Me confirmé en la importancia de mover al pueblo de Dios a cantar sencillos contenidos altagracianos, de esos que se cantan aún sin saber leer, con la vista corta, sin espejuelos, y sin la hojita  de cantos.

Gran alegría sentí de volver a compartir con Mons. Diómedes Espinal, Obispo de Mao-Montecristi, y  con tantas personas amigas y conocidas. Observé tres realidades  que deseo comunicarles.

1. Aunque no se perciban los profesionales de las  grandes cámaras, uno debe estar preparado para ser filmado y regado por el mundo. Preparado para dar testimonio de su fe y expresar su devoción mariana, con sencillez, claridad y profundidad. Una señora estaba con su celular haciendo un video de  la homilía de Mons. Diómedes desde una posición estratégica y bella. Devota hasta en la camiseta altagraciana. Me pregunté cuántas personas podrán nutrirse de este hermoso video y homilía.

2. Mons. Diómedes distribuyó la Sagrada Eucaristía cerquita de una joven madre que  cargaba su bebé. Ella no comulgó.  Pero el obispo la notó y la sorprendió acercándose  a darles  una bendición  tan especial,  que la joven madre se sonrojó sonriente de alegría.

3. Al final de la Misa, Mons. Diómedes subió por las escaleras a saludar de cerca a La Altagracia en esa imagen bajo relieve de Gilberto Fernández Diez. Pude fotografiar al niño que tenía  pegadito a su lado. Y pensé que muchas veces los pequeños están observando lo que hacemos. Y que nuestro testimonio de amor a la Virgen podría ser muy importante para sus vidas.

———————————————————————————————-