Padre William Arias •  [email protected]

Estamos ya en agosto, en la segunda mitad del año, tiempo en que el verano caribeño se caldea a un más, a no ser que aparezca alguna tormenta tropical o ciclón que lo suavice, y que Dios nos libre.

En la Iglesia se está ha­blando mucho últimamente, de un asunto llama “Sino­dalidad”, quien puso el tema en el tapete desde un principio, fue el mismo papa Francisco, cuando ha­bló de que debemos trabajar y em­prender un ca­mino sinodal en la Iglesia, luego en muchos ambientes eclesiales y de reflexión teológi­ca el tema se ha hecho presente y de discusión, hasta el punto de que algunas Iglesias locales en algunos países han emprendido lo que ellos llaman, como en principio dijo el Papa:  “un camino sinodal”.

Ahora bien, ¿Qué es Sinodalidad?, ¿Qué significa que la Iglesia quiera emprender un camino sino­dal?, pues el término en sí significa “caminar juntos”, “hacer camino juntos”, hay un desglose del mismo en documentos recientes de la Iglesia, como en el del sínodo de la amazonía. La sino­dalidad es un caminar junto con Dios, también es un caminar junto con y como Iglesia, aquí no debe haber elementos de agendas particulares, sino la que nos dicta el Espíritu, el cual nos habla a través de los signos de los tiempos, y hoy se nos pide consenso ante unos problemas que como hijos de Dios y miembros de la Iglesia debemos de dar respuesta; es bueno aclarar, que no se trata de uniformidad, como se quiso intentar en otros momentos de la vida de la Iglesia, es caminar juntos, desde lo propio y carisma de cada uno, sin ex­cluir a nadie, pues es el pro­yecto de Cristo, el pro­yecto del Reino, donde todos entran y tienen un lugar, y nadie debe de que­dar fuera.

Ya desde las Sagradas Escrituras hay una invi­tación a vivir dicha Sino­dalidad, un ejemplo es en el Antiguo Testamento en Deu­teronomio 26,17: “Has declarado hoy que el SE­ÑOR es tu Dios y que andarás en sus caminos y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus ordenanzas, y que escucharás su voz”. Creo que el primer signo de la sinodalidad, es que el camino de Dios es nuestros camino, no debe ser lo contrario, como ya lo expresa el profeta Isaías 55,8: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor”. Es decir: qué quiere Dios de nosotros, por dónde el quiere que nos adentremos, es aquello de hacer su voluntad no la nuestra, es poder conectarnos con su proyecto, el plan salvífico de la huma­nidad, es buscar la manera de más asemejarnos a él en la búsqueda de esa fraternidad universal y en esa conversión ecológica que nos lleve a ser más amigos del mundo creado y nos sus depredadores, es toda una conversión hacia Dios. Y en el Nuevo Testamento, en Hechos de los Apóstoles 15,22-29 que es la famosa carta apóstolica fruto de la Asamblea de Jerusalén, don­de se dilucidó el primer problema serio de la Iglesia naciente, que fue el asunto de los judaizantes (intento de adentrar elementos puramente judíos en la fe na­ciente), donde en el versículo 28 y 29 se expone lo siguiente:  “Porque pareció bien al Espíritu Santo y a noso­tros no imponerles mayor carga que estas cosas esenciales: que se abstengan de cosas sacrificadas a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de fornicación. Si se guardan de tales cosas,  harán bien”. 

Que este cami­nar juntos, la Sinodalidad, sea lo que mueva nuestro ser Iglesia hoy y siempre.