Síndrome de retraso de fase del sueño

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Aunque es muy frecuente entre adolescen­tes, puede estar presente en personas adultas, quienes son incapaces de dormir en el tiempo socialmente estipulado y se le dificulta levantarse temprano. No es por pe­sadez, es por re­traso en la fase del sueño.

El síndrome de re­traso de fase del sueño es un trastorno del sue­ño producido por nues­tro reloj interno o rit­mo circadiano, que produce que el sueño se retrase dos horas o más al acos­tarse y que produce dificultad para despertarse por la ma­ñana en el mo­mento deseado, lo que provoca somnolencia diurna excesiva. Gimé­nez Ba­dia, Et al (2016).

El patrón de vigilia-sueño fluctúa de manera regular cada 24 horas, es decir con una perio­dicidad circadia­na. Por lo que nuestro organismo ha de reajustarlo ca­da día con el ambiente y los sincro­nizadores ex­ternos para evitar un despla­zamiento progresivo.

La etiología del síndrome de retraso de fase del sueño es des­cono­ci­da, aunque se propone una interacción anormal entre los mecanismos circadia­nos y homeos­táticos que regulan el sueño y la vigilia, como un pe­riodo circadiano intrín­seco más prolongado de lo habitual, anoma­lías de la curva de res­puesta a la luz, o una menor capacidad para compensar la priva­­ción crónica de sueño.

 

Síntomas del

síndrome de retraso de fase del sueño:

El ciclo de sueño vigilia está retrasado.

  • Mucha dificultad para dormirse.
  • No se duerme lo su­ficiente.
  • Le cuesta levantarse.
  • Se presenta fatiga durante gran parte del día, desatención y bajo rendimiento escolar.
  • Mayor sensibilidad a la luz.

Recomendaciones para tratar el

síndrome de retraso de fase del sueño:

 

  • Mejore la higiene del sueño. Cuide el en­torno en el que duer­me. Evite el consumo de bebidas esti­mulan­tes, no use dispositivos electrónicos por lo menos una hora antes de acostarse.
  • Fije horarios dia­rios para acostarse y levantarse. Incluyendo los días de fiestas y fines de semana.
  • Evitar las siestas.
  • Disminuir la ex­posición a la luz al anochecer e incrementar en la mañana. Dor­mir con una persiana levantada pa­ra produ­cir exposición a la luz solar en los minutos que siguen al despertar.