San Roque Santo protector en las epidemias

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La Iglesia siempre tiene un santo para cada situación, ya que los santos son testimonio de que la vida en unión a Dios es posible aquí en la tierra y por eso los presenta como testimonio y estímulo para todos nosotros, además está la comunión de los santos, y es, que ellos que han sido fieles al Señor mientras estuvieron entre nosotros, siguen  unidos a nosotros por medio de la oración  e interceden por nuestra necesidades ante Dios.

Tal es el caso de San Roque, en los mo­mentos de epidemia o pestes, como se le llamaba a esta situa-ción de salud siglos atrás. Todo se debe a que este hombre que nació en Montpellier, Fran­cia en 1284, perdió a sus padres en su ju­ventud, decidió vender su herencia y dársela a un tío y a los pobres, e irse en peregrinación a Roma; en aquellos tiempos había comenzado a azotar una epidemia de tifus, y él comenzó a auxiliar en su camino y en Italia a todos los que sufrían esta epidemia. Cuando regresa a su ciudad ya había contraído la enfermedad y se retiró al bosque para curase, mientras estaba allí un perro le llevaba todos los días un pan, de ahí el cuadro famo-so suyo con un perro con un pan en la boca. El amo del perro, al ver que este hacía eso todos los días le siguió y se encontró con el santo. Cuando se recuperó quiso volver a su casa, pero cierta situa­ción de guerra que allí había, hizo que lo confun­dieran con un espía, lo llevaron a la cárcel y allí murió.

Su fama de santo y devoción se extendió rápidamente a partir del siglo XV y fue ­canoni­zado al siglo siguiente. Son muchos hoy día los lugares de culto dedicados a él en el mundo, y agrupacio­nes que se dedican al servicio bajo su advocación. Es reconocido como patrono de los peregrinos y hasta de las mascotas, sobre todo los perros, pero mayormente es reco­nocido como protector en tiempos de epide­mias, y se invita a ape­lar a su intercesión.

En la Arquidiócesis de Santiago tenemos dos templos dedicados a él. Uno es la capilla de Los Higos, Palo Que­mado, y el otro, un bello y fenomenal templo, en la comunidad de Inoa, San José de las Matas. Su fiesta se celebra el día 16 de agosto.

En estos tiempos de epidemia, nos dirigimos al Señor por intercesión de San Roque, para que nos libre y proteja de los estragos que esta pandemia del coronavirus pueda ocasionar, y que desaparezca lo más pronto posible, para continuar la normalidad de nuestras vidas y seguir alabando y bendiciendo a nuestro Dios, sin nin­gún impedimento. Por eso compartimos esta oración, la cual puede ser leída diariamente en nuestras celebraciones comunitarias, misas, en nuestras familias y de manera personal, tomando en cuenta el poder de la oración y de la intercesión de los santos en estas situaciones:

 

“Misericordioso y benigno Señor, que con paternal providencia ve nuestras culpas, y por la infección del aire se nos puede quitar la salud y la vida corporal, para que reconociéndonos y humillándonos en tu seguimiento, nos dé la vida espiritual: yo te suplico humildemente por la intercesión de San Roque, que si es para tu mayor gloria y provecho  nuestro, me guardes a mí y a toda esta familia y patria de cualquiera enfermedad y mal contagioso y pestilente, y nos dé entera salud corporal y espiritual, para que en tu santo templo te ala­bemos y perpetuamente te sirvamos.

Y a ti, oh bienaventurado Santo, que para ejemplo de paciencia, y mayor confianza en tu patrocinio, quiso Dios que fueras herido de pestilencia, y que en tu cuerpo padecieras lo que otros padecen, y de tus males aprendieses a compadecerte de los ajenos y socorrieses a los que están en semejante agonía y aflicción, míranos con piadosos ojos, y líbranos, si nos conviene, de toda mortandad, por medio de tus fervorosas oraciones, alcánzanos gracia del Señor, para que en nuestro cuerpo sano o enfermo viva nuestro espíritu sano, y por esta vida temporal, breve y caduca lleguemos a la eterna y gloriosa, y contigo gocemos de ella en los siglos de los siglos. Amén.”