República Dominicana en el aire

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En un reciente conversatorio con el antro­pólogo Carlos Andújar, auspiciado por el Insti­tuto Nacional de Pasto­ral (INP), ante una cuestionante de los participantes acerca del país y su situación en el Caribe. Nos decía, que estamos muy lejos de las demás islas, aunque estemos cerca, ya que sus habitantes son ne­gros en su mayoría y nosotros mulatos y blancos, además de la diferencia idiomática.

Esto me hizo recordar un diálogo de mis años de estudiante en España, entre compa­ñeros provenientes de diversos países latino­americanos, en donde un nicaragüense, des­pués de yo haber vertido una opinión sobre el continente me dijo, que en sí los dominica­nos no éramos latino­americanos, ya que el elemento indígena, presente a lo largo de todo el continente, en nosotros no existe, ni está presente, lo que nos deja a nivel de re­lación caribeña y de identificación latino­americana en el aire.

Como pueblo he­mos vivido unos procesos históricos y socia­les muy propios y atípicos en relación a las otras naciones que nos ro­dean, tal vez nuestros vecinos haitianos sí han entrado en esas dinámicas unitarias que nos excluyen, como en el caso caribeño, pues en encuentros y reu­nio­nes eclesiales concer­nientes al Caribe, he visto cómo Haití encaja perfectamente en ese universo, sobre todo en el francófono, y ayudado por el elemento de la negritud en la mayo­ría de sus habitantes.

Nosotros nos definimos caribeños por estar enmarcados en esta re­gión peculiar del mun­do, ubicada en una par­te céntrica del planeta, por el clima que nos afecta, bañados por el mar Caribe (de ahí lo de caribeños), los huracanes que nos azotan, por nuestras hermosas playas y el vivir del turismo, pero a la hora de representar esta re­gión, salen a relucir los elementos típicos más propios del Caribe an­glo, con el estilo de vestir, peinados rasta, música típica de estos lugares y caricaturas o fotos de individuos afroamericanos de piel oscura. Por eso no es raro que nos cueste en­trar en relación estre­cha a todos los niveles, con estos pueblos tan cercanos pero tan distantes de nosotros.

A nivel latinoamericano, el elemento indígena se esfumó desde los comienzos de la colonización. No parti­cipamos del elemento unificador de Suramé­rica que fue el proceso de independencia bajo el fusil de Simón Bolí­var, incluso fuimos re­chazados por éste cuando intentamos en­trar en él, lo mismo con Centroamérica donde se dieron unos hechos muy comunes en esas naciones, de los cuales ni noticias por acá se ha tenido. Es como si nosotros en cuanto a la relación con el gran continente hemos he­cho camino solos y por nuestra cuenta.

Ser isla siempre aísla, y media isla aun más, la identidad que se desarrolla siempre es especial o no común, tal vez algo así nos ha tocado en medio de este concierto de archi­pié­lago caribeño y frente a la gran tierra latino­americana, po­dríamos pensar que tal vez somos más afines a Cuba y a Puerto Rico, pero ambas han hecho también un caminar especialísimo, que pesa sobre ellas todavía aun más, que harían del estudio detenido de estas tres islas, un “bestseller” merecedor del nóbel.

Como dio a entender Carlos Andujar, en el conversatorio ya citado, somos un pue­blo con cultura e identidad propia, la cual se ha ido realizando a través de nuestra historia y de múltiples contactos con grupos e individualidades que se han dado cita en nues­tro territorio, ya sea de manera deliberada, o como decía él, a veces por unos juegos “tra­viesos de la historia”, hemos hecho camino histórico y cultural como muchos pueblos de la tierra. Tal vez nos han faltado unos elementos de mayor cercanía e identidad con otros, de ahí lo del aire, pero en sí, hoy día sa­bemos de dónde venimos, en dónde estamos, pretendemos de­terminar a dónde que­remos ir y qué seremos, pero eso… solo Dios lo sabe.