Relación entre trabajo y propiedad privada

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282 El Magisterio so­cial de la Iglesia estructura la relación entre trabajo y capital también respecto a la institución de la propiedad privada, al derecho y al uso de ésta. El derecho a la propiedad privada está subordinado al principio del destino universal de los bienes y no debe constituir motivo de impedimento al trabajo y al desarrollo de otros. La propiedad, que se adquiere sobre todo mediante el trabajo, debe servir al trabajo. Esto vale de modo particular para la pro­piedad de los medios de producción; pero el principio con­cierne también a los bienes propios del mundo financiero, técnico, intelectual y personal.

Los medios de producción «no pueden ser poseídos contra el trabajo, no pueden ser ni si­quiera poseídos para poseer».606 Su posesión se vuelve ilegítima «cuando o sirve para impedir el trabajo de los demás u obtener unas ganancias que no son fru­to de la expansión global del trabajo y de la riqueza social, sino más bien de su limitación, de la explotación ilícita, de la especulación y de la ruptura de la solidaridad en el mundo laboral ».607

 

283 La propiedad privada y pública, así como los diversos mecanismos del sistema económico, deben estar predispuestas para garantizar una economía al servicio del hombre, de manera que contribuyan a poner en práctica el principio del destino universal de los bienes. En esta perspectiva adquiere gran im­portancia la cuestión relativa a la propiedad y al uso de las nuevas tecnologías y conoci­mientos que constituyen, en nuestro tiempo, una forma particular de propiedad, no menos importante que la propiedad de la tierra y del capital.608 Estos recursos, como todos los demás bienes, tienen un destino universal; por lo tanto deben también insertarse en un contexto de normas jurídicas y de reglas sociales que garanticen su uso inspirado en criterios de justicia, equidad y respeto de los derechos del hombre. Los nue­vos conocimientos y tecnolo­gías, gracias a sus enormes po­tencialidades, pueden contri­buir en modo decisivo a la promoción del progreso social, pero pueden convertirse en factor de desempleo y ensancha­miento de la distancia entre zonas desarrolladas y subdesa­rrolladas, si permanecen concentrados en los países más ricos o en manos de grupos re­ducidos de poder.