Primer Encuentro Nacional del Clero Joven

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Participaron 83 sacerdotes

Del 3 al 4 de septiembre, en la Casa Arquidiocesana María de La Altagracia se celebró el primer Encuentro Nacional del Clero Joven organizado por la Comisión Nacional de Pastoral Sacer­dotal (CNPS) de la Confe­rencia del Episcopado Do­minicano (CED). En un am­biente fraterno, los más jóve­nes en el ministerio ­sacer­dotal de las diócesis del país vivieron una expe­riencia de comunión, ora­ción, formación y descanso.

Santo Do­mingo, Santiago y La Vega han aportado las delegaciones más numerosas del encuentro, que tuvo una asistencia total de 83 presbí­teros, algunos apenas con dos meses de ordenados y otros ya con diez años de ordenación.

La gran mayoría de los participantes, diocesanos o religiosos, forman parte de una generación que ya se conocía desde el Seminario, de ahí que este primer en­cuentro ha sido ocasión de recordar y hacer anécdotas de lo vivido juntos, pero también de compartir expe­riencias de la nueva vida en el ministerio, de las misiones que las iglesias locales les han encomendado, de cómo ha impactado todo esto en sus vidas.

El objetivo del encuentro ha sido crear un espacio de acercamiento a los presbí­teros más jóvenes, para insis­tir en esos elementos indispensables de la vida sacerdotal y de la formación permanente; así como para escu­char sus anhelos, sus preocupaciones, sus motivaciones y sus miedos. Con este primer Encuentro de sacerdotes jó­venes la Comisión Nacional de Pastoral Sacerdotal da una respuesta a una necesidad latente en el corazón de la Iglesia y de sus pastores, que es el cuidado y el segui­miento de los Sacerdotes, poniendo especial atención en los más jóvenes.

Los obispos dominicanos están muy atentos de su clero, han sido ellos quienes personalmente han motivado a todos a participar y su pre­sencia en el encuentro ha sido significativa.

Han acompa­ñado el en­cuentro Mons. Carlos Tomás Morel Diplán, Auxiliar de Santiago, Mons. Jesús Cas­tro Marte, Auxi­liar de Santo Domingo, Mons. Francisco Ozoria Acosta, Arzobispo de Santo Domin­go y Mons. Rafael Felipe Núñez, Emé­rito de Bara­hona. Monseñor Fran­cisco Ozoria, quien está celebrando su 40 aniversario de ordenación sacerdotal, al presidir la Eucaristía, exhor­tó a todos a contemplar la vida sacerdotal proyectada en el Misterio y en el Minis­terio, en el don y en el servicio.

El tema del encuentro, “Cultivo y vivencia de la Fraternidad Sacerdotal”, ha sido expuesto por Mons Rafael Felipe, cuya sola pre­sencia y testimonio advierte que la vida sacerdotal no es para vivirla en soledad. Con voz alegre Mons. Fello, como cariñosamente le llaman todos, dijo a los participantes “La fraternidad es intrínseca al ser sacerdotal, es una exigencia del Sacra­mento del Orden. En la me­dida que el presbítero viva profundamente su consagra­ción sacerdotal será cada vez más un hombre para los demás y con sus acciones creará espacios de comunión. Basta con nuestra vida fraterna, ello evangeliza, comunica la vida a nuestra gente, ayuda a madurar a la comunidad”.

La respuesta de los parti­cipantes ha sido positiva, en las rondas de experiencias las opiniones han sido muy abundantes, expresivas y motivadoras.

El padre Ronny Silverio, de Puerto Plata, al compartir su expe­riencia motivaba a todos “a apro­ve­char la sabi­duría de los sacerdotes mayores, a aprender de ellos, a cobijarse bajo su sombra”; y el padre Gabriel de San Juan de La Maguana, testimoniaba que “los do­mingos al ce­lebrar la última de sus muchas celebraciones se siente satisfecho, alegre porque ha podido dar a los más pobres el don de su juventud y de su sacerdocio. Eso me hace terminar el día satisfecho”.

Al finalizar ha quedado la expectativa de un nuevo en­cuentro y en todos los parti­cipantes una motivación para la vida sacerdotal, la alegría del reencuentro con los compañeros de toda la vida y sobre todo saber que Dios sigue llamando a los jóvenes, que la vida sacerdotal es posible.

No hay que quedarse en lo negativo que día a día estamos escuchando por los medios de comunicación masivos, sino que hay en­contrar en todo ello una mo­tivación a la santidad, a promover positivamente la vida sacerdotal a cambiar la murmuración por la solidaridad, el lenguaje negativo por la promoción y sobre todo a orar los unos por los otros.