Primer Curso para Formadores  de América Latina

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El regreso de Medellín a Repú­blica Dominicana fue con escala en Barranquilla. El Padre Benito Án­geles y yo llegamos temprano al aeropuerto de Barranquilla, que estaba hecho un desastre a causa de una remodelación. Guardamos también el equipaje en el mismo aero­puerto y nos fuimos en autobús, a conocer algo de la ciudad. Bajamos del bus en el centro y comenzamos a caminar a pie. Caminamos en bus­ca de la catedral, pero no la encontrábamos. Iba delante, en la misma calle que nosotros una joven, y le pitamos para que se detuviera, pero seguía adelante, como si no oyera. Caminamos más a prisa y la alcanzamos. “Joven, somos de fuera, y queremos saber dónde está la catedral”. A lo que respondió la mu­cha­cha: “Disculpen, yo pensé que, siendo ustedes de aquí, lo que que­rían era vacilarme”. Luego, muy gentilmente nos indicó cómo llegar a la catedral. Fuimos, pero estaba cerrada; era un edificio de corte moderno, nada parecido a la catedral tradicional. (Hace poco me dijo Mons. Salazar –entonces Arzobispo de Barranquilla, actual Arzobispo de Bogotá y Cardenal– que la ha­bían remodelado y que había que­dado muy bonita; me invitó a conocerla).

Al medio día fuimos a almorzar a una especie de fonda; arroz, ha­bichuela y lo demás, como si estuviéramos en la Rep. Dominicana. Los que estaban sentados a la mesa con nosotros, tampoco creían que no fuéramos barranquilleros.

Después de comer nos fuimos a un parquecito cercano, y en uno de los muros nos recostamos por turno a pestañear la siesta. Finalmente, Benito y yo dijimos, “total, si so­mos de aquí…”. Pero, por si acaso, mientras uno descansaba, el otro vigilaba.

Volvimos temprano al aeropuerto. Por un momento dejé a Benito junto a los escombros de la recons­trucción para ir no sé dónde. Cuan­do volví, no estaba. Miré por todos lados y, finalmente lo encontré: me hacía señas desde el salón de embajadores, para que fuera. Andaba vestido con un buen traje azul marino y llevaba un gran bastón indígena, de los de Docordó, en las ma­nos, ya que no cabía en las maletas. Lo cierto es que se echó a la gente del aeropuerto en un bolsillo, pues aparte del salón, le dejaron pasar la gran cantidad de sobrepeso que llevaba, especialmente a causa de mucho material audiovisual.

Creo que el Segundo Curso para Formadores fue en Toluca, Méjico. El Tercero fue en Pinares, Bogotá (del 4 de febrero al 16 de marzo de 1985), y el Cuarto en Manresa Alta­gracia, Santo Domingo (del 4 de julio – 9 de agosto de 1985).