PRIMER CENTENARIO DE LA CORONACIÒN DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA ALTAGRACIA (1922-2022)

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4ta. entrega

Por: Reynaldo R. Espinal

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Continuaba de este modo la interesante reseña del Listín Diario destacando las incidencias del acto solemne de Coronación Canónica de la Imagen de Nuestra Señora de la Altagracia, aquel memorable 15 de agosto de 1922:

“Eran las 9:15 a.m., cuando procesionalmente, a los acordes de marcha pontificia entró al Santo Templo venciendo las dificultades de la aglomeración Monseñor Vasconcellos, Delegado Pontificio; quien de frente al altar oro brevemente y se encaminó al Solio Episcopal de la Primada de América.

Acompaño a su Señoría el personal de la Delegación, compuesta de Monseñor Virilli y del Card. Campa, quien ostentaba todos los distintivos de un alto cargo. En su sitio, pleno, el Cabildo Catedralicio, otros canónigos de Catedrales vecinas y extranjeros, administradores espirituales de parroquias y de instituciones propagadoras de la fe de Cristo.

Sitio de preeminencia en el Presbiterio ocupaban Monseñor Rincón, Arzobispo de Venezuela, Monseñor Kerzusan y Monseñor Vuylesteke, mercedario, obispos de Cabo Haitiano y Curazao, respectivamente.

Las funciones comenzaron con el revestimiento del sacerdote oficiante de Pontifical solemnemente extraordinario, al canto de la Tercia, oficiando de Diáconos de Honor, los RR.PP Fray Francisco y Padre Torres Díaz y de Presbítero Monseñor de Mena. No purificó y enjugó sus manos Monseñor Vasconcellos. Se las purificaron y enjugaron Monseñor Virilli y Card. Campa.

Revestido el Ministro del Oficio ingresó al Presbiterio, el Arzobispo Metropolitano Monseñor Nouel, quien con una reverencia a la imagen de María Inmaculada primero y al sacerdote oficiante luego, colmó con su continente de prestancia, aquel ambiente en que iba teniendo cumplimiento el acto de la CORONACIÒN DE LA VIRGEN DE ALTAGRACIA, que será el pedestal de la gloria de su episcopado fecundísimo.

El Santo Sacrificio fue celebrado con la ayuda en el altar, prestada por los padres Bornia, Ariza y Henríquez, siendo enaltecida la concurrencia por su propia devoción, escuchadora de la palabra del Delegado Pontificio, devoción que no pudo turbar ni un solo instante, las detonaciones estruendosas que fueron canto en el momento de la Elevación, antes de la cual se retiró, fisiológicamente fatigado, nuestro Pastor amadísimo.

Y terminó la celebración con los fieles, de rodillas recibiendo la bendición papal, como privilegio que a nuestro pueblo dispensara el Santo Padre.

Nota de alta dedicación cristiana digna de la gracia de María fue la ejecución, por la orquesta,  de la misa de Luigi Bottaro y que cantaron cien voces que preparó la Señora Vinda Carbonell y el concurso prestado por las bandas de música de Santiago y Santo Domingo.

Esparcidos los fieles, aguardaban la hora magna en que las sienes de la VIRGEN debían recibir el pobre tributo rendido por los hijos: LA CORONA.

A las 4:15 por la calle Separación entró hacia la puerta principal de la Basílica, la carroza que debía ser enaltecida por la conducción del RETABLO SANTO; procesionalmente, sobre un chassis de automóvil una edificación sencilla, alegórica de los doce núcleos provinciales que forman la República, distinguidos por los escudos respectivos, señoreando sobre estos el escudo nacional y más arriba, un templete imperial coronado en el que tenía su lugar preeminente la imagen venerada. Tal la obra concebida por el Ingeniero Osvaldo B. Báez, de que informara mejor la nota gráfica.

Momentos después, el solemne desfile, el más solemne que pluma alguna pueda describir.

Un tanto contrariados los cánones en la confección de programa del desfile, este comenzó así: Cruz del Sagrario Catedral; Cruces Parroquiales de San Carlos, Santa Bárbara y el Carmen y la Cruz de la Basílica, la banda de la Policía Nacional; las asociaciones religiosas del Apostolado de la Oración; de la Hora Santa; de Hijas de María; de Hijas de la Altagracia, del Sagrado Corazón de María, Terciarios Franciscanos, Damas de la Caridad, Unión de San Antonio, Devotos Josefinos, Fervorosos de la Caridad, Devotos del Pacientísimo, Fervorosos de la Altagracia, de Jesús Nazareno….

Continuará