Por Haití o la preocupación haitiana

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Y llegamos al final. Para cerrar esta conversación apoyemos en el ideal, en lo que se sueña, en lo que está más allá de lo que las ciencias sociales y el activismo político nos permiten ver. El café ya se ha acabado y debemos irnos.

 

Sabemos que NAPSA –pregunto a Harold Pierre– tiene ya grupos organizados en su país y en la diáspora haitiana. ¿Nos podría contar cómo va siendo acogida esa organización? Abrimos las puertas para que Ud. nos exponga, con calma, recuente las experiencias personales y grupales, los avances y dificultades las tres ideas principales de su proyecto asociativo.

NAPSA es la única organización de su naturaleza tanto en Haití como en la diáspora. NAPSA es calurosamente acogida por los jóvenes haitianos tanto en Haití como en la diáspora. Muchos jóvenes se integran a la organización porque la misma es una propuesta innovadora y sobre todo por la apertura que da a sus miembros.

NAPSA tiene hoy en día más de 800 miembros en sus siete años de existencia. Este número es una gran señal, ya que NAPSA no paga a nadie. Es más, son los jóvenes que ponen no sólo sus habilidades y tiempo sino también sus recursos (el poco dinero que tienen en Haití o reciben los que están estudiando en el extranjero). Los aportes monetarios de los napsistas se asemejan a la ofrenda de la viuda pobre de quien Jesús dijo que dio no de lo que le sobraba sino de lo que lo que tenía para vivir.

Más allá del dinero, lo que más me ha llamado la atención en los napsistas es su desempeño en la realización de las actividades. Por ejemplo, para el Día de las Madres en mayo pasado, el grupo de Léo-gâne (municipio ubicado al sur de Puerto Príncipe) organizó un operativo médico. Fue una experiencia sumamente difícil, ya que se organizó lejos del centro del municipio en lugares de difícil acceso. Las palabras de las madres beneficiadas fueron de un profundo agradecimiento, ya que dijeron sentirse abandonadas por las autoridades y que fue Dios que envió a los napsistas a ayudarlas.

Como en cualquier grupo, no todo es color de rosas. Por un lado, ha habido considerables problemas de financiamiento sobre todo que, al inicio, las actividades fueron financiadas por el aporte de la membresía. Por otro lado,  hay jóvenes que se identifican con el trabajo de NAPSA, pero no se integran a la organización porque son pesimistas con respecto a un potencial cambio en Haití. Y eso se entiende dada la larga duración de la crisis estructural, de élites y liderazgo en Haití. Para tratar de disipar esta negatividad con respecto a un Haití regenerado, NAPSA se ha esmerado desde sus inicios a trabajar en la concientización y el ofrecimiento de razones de creer y esperar en el sentido de la logoterapia de Viktor Frankl.

En lo personal, me siento apreciado por el grupo porque, unas y otras veces, napsistas y no napsistas me suelen felicitar y agradecer por haber tomado la iniciativa de fundar NAPSA. Para mí, eso es gran alegría, porque, después de Jesús, el centro de mi vida es Haití y el sueño de mi existencia es ver que mi generación opere un cambio en Haití para mejorar las condiciones de vida del pueblo y darle razones de enorgullecerse de este país más allá del orgullo basado en la independencia de 1804.

Comprometidos con esta entrevista y publicación damos a entender que Haití, el pueblo haitiano, es nuestra preocupación, y quizás exagerando nuestra angustia porque ya lo pensemos desde una y otra perspectiva el futuro no nos ofrece relieve de solución, pero como somos raza del patriarca Abrahán, debemos creer contra toda esperanza. Harold, para concluir, le pongo una pregunta en línea con el pensamiento de Martin Luther King, ¿cuál es el sueño?

 

Esta pregunta me viene muy bien como está inspirada en Abrahán quien, según aprendí en el Catecismo para mi Primera Comunión,  es el papá de todo aquel que tenga fe. Soy un hombre de fe y Jesús Cristo es el centro de mi vida. Creo profundamente que dondequiera que esté el ser humano, existe la posibilidad de mejoría. Es el principio de perfectibilidad humana a la cual me adhiero y que ya mencioné en partes anteriores de esta entrevista.

Con respecto al sueño, en los pasos de Martin Luther King, sueño con que Haití salga de su pobreza, supere las etapas del “en vía de desarrollo” y que llegue a ser un país desarrollado. Sueño con que Haití sea un país que venza la desigualdad, no un país donde un grupito lo tiene todo y la mayoría nada. Sueño con que todos los haitianos tengan el pan de cada día, agua, hospitales y casa. Sueño con que Haití sea un país donde diversión, cinema y parques no sean palabras ajenas. Sueño con que Haití sea una tierra que haitianos y extranjeros hagan prosperar y no un espacio a explotar y empobrecer. Sueño con que los haitianos reconozcan que la tierra es de todos los hijos de Haití, quienes son todos legítimos, sean nacidos o adoptados e independientemente de los colores. Sueño con que el creole sea mucho más valorizado y reconocido como cimiento de la cultura haitiana. Sueño con que los haitianos no emigren por huir de la pobreza sino por elección, espíritu de aventuras y sentido de ampliación de horizontes. Sueño con que el salto cualitativo que representa la independencia de Haití para las libertades en el mundo sea reconocido como tal. También sueño con que Haití sea conocido en el mundo no por su pobreza y situación caótica sino por el esplendor de su desarrollo económico, político y social. Sueño con que Haití sea un país soñado por sus hijos verdaderos, sobre todo los pobres, esto es un Haití que cuida de sus hijos.

Al igual que Martin Luther King, es posible que no vea la materialización de mis sueños. Es posible que ninguno de los napsistas actuales no lo vean tampoco, aunque nuestro anhelo es que todos lo veamos ya que somos de los forjadores. Pero, como nuestro trabajo seguirá en los que se adhieren a nuestro ideal, no nos irá mal no verlo, pues lo que importa es que la lucha siga para que lle­gue el amanecer esplendoroso de Haití.