Hace unos años vengo escribiendo en cada septiembre, para que la gente lo recuerde y tenga presente siempre, que el mes de la Biblia, es como leer, estudiar, rezar e interpretar las Sagradas Escrituras, por eso le comparto de nuevo un extracto de algo que escribí por aquí mismo hace un tiempo.

Hay muchas herramientas para adentrarnos al mundo de la Biblia y estudiarla, rezar con ella  e interpretarla, tal vez la más conocida y muy importante es la Lectio Divina o Lectura Orante de la Biblia.

 La Lectio Divina no es una oración mental sobre la Biblia o con la Biblia, pues en ella no somos nosotros los que ponemos de nuestra parte, sino que es Dios quien nos ofrece la posibilidad de recibir su luz. 

No es una simple meditación, ni una catequesis; ella tiene una dimensión personal y se realiza muchas veces en comunidad, sobre esto último hay monjes que se oponen a que la misma se realice en comunidad, pues dicen que ella tiene un carácter individual y así debe continuar, porque se convierte en una celebración de la Palabra, pero el hecho es que la Lectura Orante ha llegado al Pueblo de Dios y ya ha hecho de ella un elemento importante en el proyecto de la vivencia de su fe, y sus frutos son señales de una moción del Espíritu alrededor de la Palabra de Dios.

Esta manera de orar con la Biblia, y en este caso de leer e interpretar, se realiza a través de cuatro pasos: 

1) La lectura: que es leer el texto, releerlo, volver a los versículos que más nos llamen la atención, explicarnos un poco el contenido. 

2) Meditación: Es ver que me dice esa Palabra de Dios a mi vida. 

3) Oración: lo que le digo a Dios en forma de Alabanza, acción de gracias o petición ante esta Palabra suya.

 4) Contemplación: que es el momento culminante y grande de la Lectio, pues es escuchar a Dios, qué Dios me dice ante esta Palabra. En algunos grupos ha surgido lo que llaman el  Actio o Acción como último paso de la Lectura Orante, algunos  sostienen que no es necesario, pero como la Lectio Divina ya es algo de todo el pueblo de Dios, en su mayoría laicos, pues ellos quieren  vivenciar en sus vidas esa Palabra que han recibido, ya que no viven  aislados, sino en el mundo, lugar de su quehacer como hijos de Dios y cristianos.

Otra forma que propongo consiste en lo siguiente: lo primero es leer bien el texto, y hacerlo por lo menos unas tres veces, dependiendo claro está de la extensión  que él mismo tenga. Luego identificar los verbos que hay y ver en que tiempo están, además de detenerse en las palabras que se repiten, pues los verbos usualmente expresan el sentir profundo de lo que el autor sagrado quiere expresar y si una palabra se repite mucho, no es por que él que escribió el texto no encontró otros sinónimos, sino que hay una idea de fe fuerte que quiere comunicar a través de la repetición de dicha palabra; también ver de que se trata si es una narración, un poema, un texto legal, si es del Antiguo o Nuevo Testamento, si es una carta o un evangelio, etc.

La Biblia también se actualiza y se relee a sí misma, es decir, el texto casi siempre hace referencia o se relaciona con otro texto o libro de la misma Biblia, es posible incluso que hasta el texto mismo lo diga o nuestro pensamiento o saber nos lleve a cualquier referencia textual, algo muy común cuando leemos el Nuevo Testamento, el cual consideramos los cristianos es una realización de las promesas contenidas en el Antiguo Testamento. En pocas palabras, sería buscar y leer ese texto al cual la lectura elegida hace referencia o se conecta directa o indirectamente. Ojo, esto no necesariamente tiene que darse siempre, pero si en un 90% de los casos.

Siempre es bueno tener a mano, si es posible, un buen Comentario o Diccionario Bíblico o de Teología Bíblica, para que nos aclare sobre la historia del texto, el contexto donde se escribió, el género, su autor, la comunidad, es decir, la parte técnica del texto, ver lo que el texto quiso decir a sus primeros destinatarios. Ahora bien, como estamos hablando del creyente común y normal, que no tiene mucho tiempo para estos tecnicismos, se puede auxiliar de las notas que siempre al pie de la página o en la introducción al libro donde está la lectura en cuestión, traen las Biblias, pues con esto lo que buscamos es ubicar en qué parte de la historia de Salvación o de Israel ubicamos lo que estamos leyendo.

 Podríamos citar otras herramientas, pero exponemos estas por el momento en este septiembre Mes de la Biblia.