Pandemia y elecciones.

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. La pandemia, aunque es global y nos afecta a todos, a ri­cos y pobres, por igual nos ha confinado, no ha tranquilizado el laborantismo electoral. La propaganda, la más de las veces sucia, nos in­vade por la web. Pode­mos estar trabajando, buscando información o re­creándonos en la web y nos aborda una propaganda que no solamente no dice nada, sino que cargada de mentiras, molesta, promociona un candidato o denostando a otro. Lo peor de todo es que no hay señales de sosiego. Es mucha la gente y las instituciones que hablan de tener un desahogo político en medio de esta situación o hasta de hacer un acuerdo, un pacto, un programa común para enfrentar primero la si­tuación sanitaria y el deterioro de la economía, pero según parece no hay respuesta sincera que convenza. Si ahora que estamos confinados  la cosa es así, que nos evitará una campaña bien caliente cuando se levante la cuarentena.

Nos servirá de algo.

Pandemia y oración. La pandemia ha avivado la religiosidad de muchas personas. En la web nos llegan ofertas de oración y música religiosa. Unas nos presentan un Dios malo, airado y no misericordioso, que guarda y castiga. Otras atentan contra la libertad, porque amenazan que si no las oyes enteras y las reenvías a otras diez perso­nas caerá una maldición sobre la gente. Otras anuncian revelaciones o apariciones milagrosas. Y cataclismos. Pero más es la gente que en­cuentra refugio y fortaleza para sobrevivir con sanidad mental y espiritual en estos momentos difíciles. Y, en caso heroico los que se forta­lecen para salir a cum­plir con compromisos familiares, de trabajo o de servicio social y de salud.

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La fe y la oración fortalecen. La mayor fortaleza es la confianza de que saldremos de este trance confuso y difícil y nos tendremos que enfrentar con un mundo muy cambiado que tendremos que construir con nuestra dedicación y confianza. Y la fraternidad que nos enseña y aprendemos en nuestra fe. Por encina de todas las diferencias todos somos uno en Dios creador y en Cristo redentor.

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Pandemia y cosas buenas. Mas allá de todas las cosas malas que ha traído esta pandemia es que pone de relieve, vienen a la su­perficie, muchas cosas malas. Nuestras deficiencias institucionales, como por ejemplo las de nuestro Sistema Na­cional de Salud carente de instalaciones hospitalarias, de equipos y del suficiente personal calificado y dispuesto. El egoísmo de nuestra clase política y gremial que piensa en sí y sus intereses y planes. Pero también en nosotros mismos, nuestros mie­dos y egoísmos. Pero ahora hablamos de co­sas buenas. Lo primero y principal, es que nos ha hecho recordar que la tecnología no vence ni cambia la naturaleza, que debemos no solo res­petar, sino también cuidarla. De la natura­leza viene la vida, venimos nosotros. Es, como dice el papa Francisco, la “casa común” de todos. ¿Y la tecnología? Al servicio de la naturaleza y de la gente.

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Pandemia y distanciamiento social. Nunca nos habíamos dado cuenta que somos seres sociales. Vivimos en familia, en vecinda­rios, en pueblos. Tene­mos compañeros de trabajo y amigos. A ellos damos saludos, la mano y hasta el abrazo. En la intimidad nos relacio­namos. Pero también nos divertimos yendo juntos al deporte o be­bernos un café o una copa en un restaurant.

Pero quizás, aparte de la muerte, el impacto más grande de la pandemia es el distanciamiento social. Separa en vida a padres de hijos, a hermanos, a amigos cerca­nos. Vimos en la televi­sión, con tristeza y casi lloramos, un recién na­cido que no podía ser abrazado por su madre que estaba afectada por el virus. Le presentaban a su recién nacido por el celular. Pero también se distancian, ponen barre­ras entre pueblos vecinos. Y se cierran las fronteras entre nacio­nes.

¿Que quedará de esto? ¿Nos volveremos a re­encontrar o se mantendrán las distancias?

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Pandemia y humor.  Si, la pandemia también ha producido humor. A veces un chiste soso.  Como por ejemplo el gato que estornuda y salen huyendo todos los ratones. O la mamá que llama al niño para saludar a los tíos que han llegado de China y el niño se devuelve corriendo. Pero ha habido composiciones y conciertos que han elevado el alma por encima de toda depresión.