Monseñor Richard Bencosme Hombre de la Palabra de Dios

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Conocí a Mons. Richard Bencos­me por primera vez, precisamente en un curso bíblico. Eran mis pri­meros años de seminarista mayor, y el hoy Mons. Vinicio Disla, en ese entonces Párroco de la Parroquia de Licey, me habló de dicho curso, para que luego se lo impartiera a un gru­po de jóvenes que le había pedido un curso de Biblia.

Me impactó mucho su oratoria, su forma fuerte y firme de decir las cosas y sobre todo, su sabiduría en cuanto al tema. Luego, en mis pri­meros años de sacerdote volví a compartir de cerca con él, en un Cursillo de Cristiandad, y ahí compartimos bastante y le expuse que me interesaría dedicarme más a los asuntos bíblicos, entonces él me ma­nifestó cómo comenzó su itinerario bíblico en la hoy Arquidiócesis de Santiago.

Según él, en un encuentro de sa­cerdotes junto a Mons. Roque Ada­mes, antiguo Obispo de Santiago, alguien dijo que los católicos de Santiago estaban yendo a las Igle­sias protestantes para que les ense­ñasen a estudiar la Biblia, a lo que Monseñor Richard respondió fuertemente que eso no se debía permitir, y entonces Mons. Adames le dijo qué se podía hacer, y allí él se comprometió a estudiar y dar cursos de Biblia para la gente.

Primero se fue a Colombia por unos meses a estudiar Biblia y cuando llegó de allá comenzó a impartir unos cursos bíblicos, los cuales se tornaron famosos, apreciados y muy concurridos por la gente; también en la hoy PUCMM empezó a impartir la materia de Introducción a la Bi­blia.

Esos cursos fueron sintetizados en una obra suya en dos volúmenes: “Para entender la Biblia”, sobre el Antiguo Testamento y generalida­des sobre la Biblia, y la otra “Si conocieras el don de Dios” sobre el Nuevo Testamento; también escri­bió sobre otros temas bíblicos que no llegó a publicar, los cuales una vez me mostró, especialmente sobre el libro de Apocalipsis.

Mons. Richard Bencosme era un apasionado de la Biblia y también de San Agustín, a quien siempre citaba en sus alocuciones y homilías, y leía asiduamente, pues tenía un bagaje intelectual envidiable y una disciplina en todo, la cual fue premiada dándole larga vida. Era un hombre recio, no solo en su forma de hablar sino al asumir las responsabilidades que le tocaron como sacerdote y tra­taba de transmitir lo mismo, pero también era un gran director de almas, excelente confesor y sabía apreciar a las personas por sus cua­lidades y servicios, obviando mu­chas veces sus defectos.

Su sacerdocio ha sido inspirador para muchos. Su fidelidad al ministerio muy apreciada; su labor do­cente y pastoral en la PUCMM, ex­celente, y su trabajo parroquial muy satisfactorio. El buen Dios sabrá premiar la labor de este servidor suyo que supo dar su vida por la extensión del Reino, mientras estuvo en este mundo, sobre todo en ese dar a conocer su Palabra, en ese hacer llegar, entender y comprender el texto sagrado, en hacer que la Biblia, el libro de la Palabra de Dios para su pueblo llegase a ese pueblo y lo hiciera suyo y a partir de ahí mol­dear su vida, ser Iglesia, y hacer ­visible el mensaje en el contenido.

Que el Señor le dé a Monseñor Richard Bencosme el premio de los justos de la Biblia y que nosotros los que seguimos en este mundo, como él seamos siempre hombres y muje­res de la Palabra de Dios, que la amemos y apreciemos, y sobre todo, que la llevemos a todos aquellos que la necesitan.