Monseñor Francisco Panal: Su valentía profética en tiempos difíciles

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CUARTA PARTE

 

La valiente y bien ponderada carta de Monseñor Panal al Secre­tario de Interior y Cultos describiéndole la gravedad de los hechos ocu­rridos nueves días atrás continuaba en los siguientes términos:

“Después de este final ya borrascoso y ya tarde en la noche, la Sra. Gobernadora de la Provincia dio cuenta de todo lo sucedido al Gral. J. Arismendy Trujillo Molina, despa­chándose y despachando a todos los suyos a su placer, del mejor modo bueno que pudo, pero el desorden provocado y habido, solamente por las palabras de ALERTA o atención que se dieron a los fieles, los que en su mayoría acudieron al mitin engañados por el sabroso anzuelo de que vendría al acto el Generalísimo Trujillo en persona, y que repartiría dinero, etc. a los asistentes”.

EL ALERTA o toque de atención que se dio a los fieles contra posible ofensas y difamación a la Iglesia Ca­tólica en la persona de sus jerarcas, se publicó minutos antes de que se comenzara el mitin, cuando ya todo estaba premeditado, escrito y listo de un todo para pregonarlo al público y transmitirlo en ondas sonoras de “La Voz del Camú.

Y como hasta el presente- no obstante, la gravedad del caso, y las innúmeras ofensas calumniosas pronunciadas en diversos tonos- por los tres o cuatro oradores del susodicho mitin semi-oficial, cuyo eco repercutió vibrantemente en todo el Cibao, y tal vez alcanzó a tierras vecinas, pero extrañas, – no se ha dado satisfacción o explicación alguna a los ofendidos, ni nadie ha salido por la justicia vilipendiada tan atrozmente, antes al contrario, mejor alguno de autoridad se jacta y enorgullece de la magnífica hazaña que ha realizado con su comparsa, como quien se siente bien apoyado y defendido; me ha parecido muy del caso y puesto en razón, dirigirme a la Sra. Gobernadora Civil con la comunicación que también adjunto a Ud. con la presente, poniéndole las cosas en su lugar, y sabiendo por los fueros de la justicia a favor de la Santa Iglesia y de su Sagrada Jerarquía.

Pondere Ud. ahora la gravedad de este hecho, que pone de manifiesto el modo- nada amistoso ni respe­tuoso por cierto como se trata a los Obispos y a la Santa Iglesia en el País, según que lo propaga la prensa y radio extranjeras- y que ni siquiera haya habido una acción gubernamental reprensiva o coercitiva para los culpables sino más bien se les ha dado aliento para acometer otros he­chos parecidos, al tratarlos con la benignidad del silencio y la indife­rencia, que viene a ser lo mismo que un tácito otorgamiento de permiso para despacharse a su gusto en otro momento.

Hasta aquí, Señor Secretario, mi información sobre el caso que nos ocupa, que está llena de verdad y de sinceridad y de recta intención como es la de: buscar siempre y por siempre la gloria de Dios, el bien espiritual, temporal y social de las almas, la exaltación de la Iglesia Católica, el respeto y obediencia a las autoridades debidamente constituidas y la paz y concordia entre los pueblos cristianos y entre todos los hombres de buena voluntad.

 

Atentamente,

 

Mons. Francisco Panal O.F.M. Cap.

Obispo de la Vega.

 

La reafirmación de su valiente actitud ante el régimen implicó que, a partir de entonces, se intensificara la hostilidad contra obispos y sacerdotes, y muy especialmente contra él y Monseñor Reilly, titular de la Pre­latura de San Juan de la Maguana.

Otro memorable episodio relacio­nado con Panal y Trujillo ocurrido el 4 de marzo de 1961 será objeto de la próxima entrega.