Monseñor Emmanuel Clarizo: conciliador eficaz en nuestras desavenencias patrias

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Quinta parte

 

Eran aquellos momentos dramáticos Monseñor Clarizio empeño todo su esfuerzo, arrojo y fe para procurar sacar adelante el acuerdo del cese al fuego. Se derramaba sangre entre hermanos y con el paso de las horas aumentaba el caos y la indignación popular dada la bochornosa afrenta de la presencia en el país de las tropas interventoras y los inmisericordes bombardeos de San Isidro. .

Confiesa que por momentos sus esfuerzos corrían el peligro de resultar estériles. Por ejemplo, encontrándose en la sede de la Cruz Roja, recibe una comunicación urgente desde San Isidro en la que se le indicaba que, si un tanque de Ciudad Nueva continuaba hostigando la Fortaleza Ozama, ellos iniciarían el ataque aéreo, con lo cual habría gran número de bajas en la población civil y grandes destrucciones de edificios, especialmente, de forma muy particular, en la Catedral Primada.

Le fueron dados 12 minutos, según él mismo revelara, para llevar a cabo dicha misión ante los líderes del sector constitucionalista, gestión que, afortunadamente, rindió frutos favorables. Pudo alcanzarse el cese al fuego sosteniendo comunicación simultánea mediante tres líneas telefónicas: uno con los militares de San Isidro; otro con Ciudad Nueva y otra línea con el Palacio Nacional, en donde se encontraba en General Atila Luna.

A eso de las 11: 45 a.m del día 30 de abril, los militares determinaron izar bandera blanca sobre los tanques, aconsejando, a su vez, hacer lo propio  en los lugares de combate. Recibe, pocos después, la información de que los tanques norteamericanos están entrando en la Ciudad por lo que se tornaba perentorio informar a la Embajada norteamericana que ya el cese al fuego había sido convenido entre las partes, por lo que Clarizio se dirigió raudo hacia la Sede diplomática norteamericana a borde de una ambulancia acompañado de representantes de los dos bandos contendientes.

Cuando se dirigían a la Embajada encontraron uno de los tanques norteamericanos que procuraban penetrar en la ciudad, dándole Clarizio a conocer el texto del cese al fuego.

De pronto, reciben el ataque de francotiradores que los tanques procuraron repeler viéndose precisados los emisarios a lanzarse a tierra y refugiarse en una casa contigua.

Tras la reunión de los militares en San Isidro, le fue autorizado a comunicar por Radio el cese al fuego. Expresó en la ocasión:

 

“Soy el Nuncio Apostólico que hablo de nuevo al pueblo dominicano. Esta mañana me he trasladado a Ciudad Nueva para encontrarme con el Coronel Francis Caamaño, con el Señor Héctor Aristy, con el Teniente Coronel Montes Arache, Señor Augusto Jiménez Herrera, Señor Fausto Caamaño y Señor Héctor E. Conde , los cuales después de haber hablado directamente con el Profesor Bosch, con el cual yo mismo he hablado, hemos llegado a un acuerdo de cese al fuego bajo las siguientes condiciones:

Primero: se da seguridad de salvar la vida a cualquier persona, no importa la ideología o el bando que defienda, incluidos presos y asilados.

Segundo: se solicita una comisión de la OEA, que servirá de árbitro en el conflicto.

Estos puntos bases fueron aceptados por todas las autoridades militares de ambas partes, y otras altas autoridades de responsabilidad. Consiguientemente, el cese de fuego ha tomado inicio esta mañana a las 11:45 a.m

No obstante esto, han tenido lugar unos disparos probablemente por personas que no estaban aún enteradas de este acuerdo. Se les ruega instantáneamente respetar este acuerdo, para evitar que haya inútilmente derramamientos de sangre y peligrosas provocaciones”.

Concluida su alocución radial, el Nuncio Clarizio notifico el acuerdo de cese al fuego al Doctor José Antonio Mora, Secretario General de la OEA. El mismo  fue ratificado por las partes el 4 de mayo de 1965, mediante la conocida “Acta de Santo Domingo”.