La pasada semana santa se me pidió compartir en una parroquia una conferencia cuaresmal basada en el capítulo III de la exhortación apostólica postsinodal del Papa Francisco sobre el amor en la familia “Amoris laetitia”, que lleva como título “La mirada puesta en Jesús, vocación de la familia”. Comparto lo extraído de la exhortación que expuse, lo que está en paréntesis son las aportaciones e ideas mias.

La doctrina de la Iglesia sobre la familia, parte del anuncio del kerigma de Cristo muerto y resucitado. El matrimonio-la familia es un don de Dios (como la parábola de los talentos de Mt 25,14-30). El matrimonio no es un yugo es una bendición. Jesús lleva el matrimonio y la familia a su forma original: Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a la mujer (Mc 10,1-12; Gen 1,27; 2,24); y aboga por la indisolubilidad matrimonial (Mt 19,1-9).

Jesús inicia su vida en una familia, su vida pública en el evangelio de Juan inicia en una boda, comparte con la familia de Lázaro y sus hermanas, y la familia de Pedro (el milagro a la suegra), escucha las necesidades de los padres por sus hijos.

La familia de Nazaret y la espiritualidad que de ella surge (San Charles de Foucault. San Pablo VI y su visita a Nazaret en 1962), es foco para las familias de hoy. La Iglesia se interesa por la familia: Vaticano II define la familia como comunidad de vida,  es un proyecto de vida (caminar juntos), es escuela de amor, es Iglesia doméstica. La “Humanae vitaé” señala que entre amor conyugal y procreación hay un vínculo,  y subraya lo relativo a la paternidad responsable. “Familiaris consortio” expresa que la familia tiene una presencia especial y típica en la sociedad, es escuela de valores. Benedicto XVI establece que un matrimonio basado en el amor único y exclusivo, y definitivo, se asemeja a la relación de Dios con su pueblo.

También Dios es familia: la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo   (en lenguaje de hoy una familia disfuncional pues falta la madre, pero hoy día hay diferente modelos de familias: hijos con su madre o su padre, con los abuelos, los tíos, y así, ellos también forman familia)

Al hablar del sacramento del matrimonio, este no es un simple rito social (aunque en la mayoría de las culturas hay unos ritos, hay ceremonia a la hora de casarse). Es una vocación. Un don, representa la relación de Cristo con la Iglesia (Ef 5,22). En fin hay muchas formas maravillosas de definir al matrimonio (aportó una: “Es la situación de vida que mayor felicidad puede proporcionar al ser humano”, aunque alguno podrá decir lo contrario, pero esto es lo que es, su razón de ser).

El peor mal del matrimonio es el divorcio (a veces es recomendable ante cualquier problema fuerte una separación, pero nunca el divorcio. Ahí tenemos el problema de los divorciados vueltos casar).

Los hijos deben nacer del amor matrimonial (madres solteras, parejas homosexuales: el hijo no es un bien para unos, es un bien en sí, no es una cosa que se adquiere así sin más), un hijo tiene dignidad, es una persona, no una cosa. Los mejores maestros de los hijos son sus padres, la escuela no los sustituye.