Los ángeles ayudan sabiamente

0
137

Sobre el tema de la sa­biduría de los ángeles habla más la segunda parte del Libro de Daniel, redactado en Hebreo. También se in­cluyen cuatro visiones apo­calípticas. La primera vi­sión se refiere a las cuatro bestias y “como si fuera al Hijo del hombre”. Las cuatro bestias que emergen del mar simbolizan los reinos de este mundo sobre los cuales Dios realiza el juicio (Dn 7, 1-28).

La segunda visión muestra la batalla entre el cordero y la cabra, que está simbolizada por los reinos persa y macedonio de Ale­jandro el Grande (Dn 8, 1-27). La tercera visión muestra al ángel Gabriel explicando a Daniel el significado de la profecía de Jere­mías (Jr 25, 11-12; 29,10) acerca de las setenta semanas de esclavitud del pue­blo elegido (Dn 9, 1-27).

En la cuarta visión, la más larga, el ángel le explica a Daniel el curso de la historia mundial desde Ciro hasta Antíoco IV Epífanes y los eventos que siguen a la muerte del perseguidor. Los paganos finalmente serán derrotados, el Reino de Dios será establecido y los muertos serán resucitados para ser compensados por sus obras (Dn 10, 1-12,3).

En esta segunda parte, al final de la visión del cor­dero y el macho cabrío (Dn 8, 1-14), tiene lugar una especie de diálogo entre los dos santos que están ligados por los exégetas con los ángeles. Cuando se pregunta por la dura­ción de la profanación del templo, el se­gundo ángel responde: dos mil trescientas tardes y ma­ñanas.

El profeta continúa rom­piendo el significado de la visión pasada y luego reci­be ayuda inesperada. Sobre el río Ulai una voz misteriosa de hombre grita: ¡Ga­briel, explica su visión! (Dn 8,16). Este ángel aparece y habiendo puesto en pie al profeta aturdido por la visión, le da la explicación necesaria y concisa.

Luego, sigue una explicación detallada relacionada con la descripción de la persecución de los judíos por Antíoco IV Epí­fanes. Por segunda vez, tuvo lugar una similar interpretación en el río Tigris, y se refería al destino del pueblo de Dios en el contexto de las luchas de Alejandro Magno y la persecución iniciada por Antíoco IV Epífanes (Dn 10,9).

Asimismo, muchas ve­ces aparecen ángeles como intérpretes de las visiones en los textos del profeta Za­carías (Za 1, 6-8, 8). El autor de este libro escribe que mantienen un sabio diálogo con Dios, entre ellos y con el profeta. El ángel le asegura al profeta el amor de Dios por su pueblo y su disposición para restaurar a Israel a su antigua gloria. Igualmente, el Libro del Apocalipsis de san Juan volverá al tema de Jerusalén, especialmente en la explicación del castigo sobre la Gran Ra­mera (Ap 17), también hablando de la aparición de la Nueva Jeru­salén en los tiempos mesiá­nicos (Ap 21, 9-22,9).

La información sobre la sabiduría de los ángeles es un mensaje importante. Ade­más de muchos otros aspectos, dice que el apoyo que el hombre recibe de las criaturas angelicales es competente, es decir, sabio, prudente y responsable.

Los ángeles no son criaturas ingenuas o estúpidas, sino que, por el contrario, se ­caracterizan por una sabi­duría excepcional, una prudencia extraordinaria, una inteligencia y un discerni­mien­to; no solo ven la amenaza donde la inteli­gencia humana no llega, sino que pueden venir con ayuda confiable que sea apropiada para la situación.

Incluso hoy en día, hay muchos que creen que lo que proviene de Dios es extraño, poco racional y sin vida. Por el contrario, la acción de Dios no siempre es completamente comprensible para nosotros, pero siempre es sabia y so­brenatural, ya que siempre tiene en mente el bien supremo del hombre.

La inteligencia de los ángeles es obra de su Creador, quien es la fuente y el comienzo de toda sabiduría.