En el mundo consumista de hoy, donde todo se compra y se vende, y lo que cuenta es la cantidad de ganancias que se puedan obtener para así poder satisfacer el cúmulo de necesidades que nos creamos y nos crean, hay una necesidad de planificarlo todo. 

Esto es bueno. Es un logro de estos tiempos posmodernos, sobre todo en la actividad comercial y de mercado; a los planes se les une la obtención de resultados, hacia dónde se quiere llegar, cuánto se ha de ganar, cuáles y cuántos serán los beneficios, es decir cuáles serán los resultados cuantificables de las acciones que se van a emprender. Esto es lo propio del marketing de hoy.

La Iglesia como la institución más vieja de occidente, ha sabido adaptarse  a los cambios de los tiempos y también ha sabido asimilar lo bueno de cada experiencia nueva que le ha tocado vivir. Aquello de ´´conocerlo todo y quedarse con lo bueno´´, pues mucho de lo que se da  a nivel de las gestiones empresariales, en el ámbito de la planificación de hoy, se ha querido llevar a lo pastoral y de ahí que en nuestros proyectos y planes pastorales, ha aparecido la imagen de los resultados cuantificables que se pretenden y se buscan.

Pero la Iglesia es más que una institución, es la prolongación de Cristo en el mundo. Según Lucas; es un instrumento al servició del reino, esa es su misión, que es el proyecto de Jesús, y su visión es llegar a la presencia de Dios, al descanso, según la carta a los Hebreos, a la vida eterna. Por eso no está mal que se planifique, y hay que hacerlo, el problema sería lo de cuantificar los resultados, hacerlos contables, cuando las finalidades están más allá de nosotros.

La palabra de Dios en los Evangelios, nos habla de un Jesús que va predicando el reino sobre todo mediante las parábolas y haciéndolo ver a través de signos que son los milagros. Hay una parábola, la del sembrador. está en los tres evangelios sinópticos, (Mac 4,3-9; Mat 13, 3b-9 y Luc 8,5-8. En ella se ve el accionar del reino como algo que se va haciendo, entre problemas y dificultades, pero a fin de cuenta da frutos y sobre todo variados, según las posibilidades, y dicha variación escapa a nosotros, pues es asunto del Señor; escatimar que la conversión se dará en 20, 30 o 40 no sabemos, pues también el proceso puede tardar, son muchos los testimonios de persona que en un momento escucharon la palabra y no pasó nada, y luego después de años, por algo que trajo a colación dicho momento dan el paso al Dios del reino y comienzan a dar frutos.

Ahora bien, sí hay que planificar y como herramienta ayuda y es importante en el mundo de hoy y para la tarea evangelizadora que tenemos entre mano. Cuantificar el nivel de ejecución, en cuanto a destinatarios y problemáticas a enfrentar, también es importante y necesaria, pero la cuantificación numeraria del resultado final, siempre quedará en el misterio, en los planes de Dios que muchas veces no son nuestros planes. 

Pero también vale aclarar, que con esto no estamos avalando una acción evangelizadora ingenua, espontánea, hasta cierto punto irracional, sin ciertos niveles de coherencia sistemática y lógica, sin estudios y pretensiones locales legítimas. El asunto es en lo relativo a la esencia última de nuestro accionar por Cristo y en Cristo en vista al reino, que como las mismas parábolas, tantas distintas y diversas, asimismo es el resultado de trabajar en el establecimiento del reino, pues lo nuestro sería el trabajar y el Señor sabrà cuànto, dónde y cómo obtendrá los resultados.

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