La violencia destruye lo que pretende defender

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495 La paz se cons­truye día a día en la búsqueda del orden querido por Dios1023 y sólo puede florecer cuando cada uno reconoce la propia res­ponsabilidad para promoverla.1024 Para prevenir conflictos y violencias, es absolutamente necesario que la paz comience a vivirse como un valor en el interior de cada persona: así podrá extenderse a las familias y a las di­versas formas de agregación social, hasta alcanzar a toda la comunidad política.1025 En un dilatado clima de concordia y respeto de la justicia, puede madurar una auténtica cultura de paz,1026 capaz de extenderse también a la Comunidad Internacional. La paz es, por tanto, «el fru­to del orden plantado en la sociedad humana por su di­vino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una justicia más perfecta, han de llevar a cabo».1027 Es­te ideal de paz «no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la co­municación espontánea en­tre los hombres de sus rique­zas de orden intelectual y espiritual».1028

 

496 La violencia no constituye jamás una respuesta justa. La Iglesia proclama, con la convicción de su fe en Cris­to y con la conciencia de su misión, «que la violencia es un mal, que la violencia es inaceptable como solución de los problemas, que la violencia es indigna del hombre. La violencia es una mentira, por­que va contra la verdad de nuestra fe, la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye lo que pretende de­fender: la dignidad, la vida, la libertad del ser huma­no».1029  El mundo actual necesita también el testimonio de profetas no armados, desa­fortunadamente ridiculizados en cada época: 1030 «Los que renuncian a la acción violenta y sangrienta y recu­rren para la defensa de los derechos del hombre a me­dios que están al alcan­ce de los más débiles, dan testimonio de caridad evan­gélica, siempre que esto se haga sin lesionar los derechos y obligaciones de los otros hombres y de las so­cieda­des. Atestiguan legítimamente la gravedad de los riesgos físicos y morales del recurso a la violencia con sus ruinas y sus muer­tes».1031