Aquella señora de cara triste, tímidamente se me acercó y luego de saludarme me pidió hablar algo en mi oficina. La invité a seguirme, entramos y luego de sentarse y algunos pormenores me preguntó: ´´Oiga padre, es necesario y obligatorio, celebrar los 25 o 50 aniversario de casados´´. 

La pregunta, no la esperaba, ni nunca la había pensado en todos mis años de cura, así creo que con la anuencia del Espíritu respondí: ´´Bueno, el asunto es que haya qué y por qué celebrar´´. A lo cual ella, rápidamente respondió: ́ ́No…el asunto es que cumplo pronto 50 años de casada, y mis hijos y parientes insisten en que tenemos que celebrar, pero como usted me dice, creo que no hay mucho por qué celebrar…pues han sido tantos años de soportar, aguantar sus infidelidades, sufrir sus desvanes, descuidos—en ese momento dos lágrimas salieron a borbotones de sus ojos. Ella continuó diciendo:caminar sola cuando más se le necesitaba, escuchar sus mentiras, afrontar los problemas de los hijos…que en sí creo que no hay nada que celebrar…disculpe y gracias´´, y salió corriendo de la oficina que ni tiempo me dio para despedirla.

Creo que es la situación de muchos matrimonios a la hora de ver cumplir un aniversario de bodas, veinticinco, cincuenta o más. La gente a su alrededor quisiera celebrar y ellos mismos, sobre todo las mujeres y los hijos, pero se encuentran con la triste realidad de que hay todo un cúmulo de dolor y pesar, más que de alegría y júbilo.

 En nuestro mundo todavía machista y patriarcal cuantos hombres le dan a una joven encantadora y bella un sí, y precisamente ante Dios, para amarle, respetarle durante toda la vida, y lamentablemente al poco tiempo olvidan su compromiso y comienzan las infidelidades y el irrespeto hacia esa persona a la cual se le prometió amar, y cuando todo aquello se sabe, cuán grande es el sufrimiento de esta mujer, y muchas, sobre todo en otros tiempos, tenían que aguantar, para mantener aquello de que la cruz no se echó a rodar, aunque hace tiempo hubo uno, que no solo la hecho a rodar, sino que la arrojó a lo más profundo del abismo de la irresponsabilidad y el desamor.

Muchas esposas han aguantado situaciones penosas en el matrimonio en atención a sus hijos y para mantener entre comillas el sentido de hogar, por eso no es raro, que cuando los hijos se van, ella le mira a los ojos y en silencio le pregunta: ´´Qué hacemos aquí, si tú haces tiempo que te fuiste´´, y se dan esas separaciones sorprendentes en parejas de larga ´´data´´ que no entendemos. 


He sabido de parejas que han celebrado orondamente sus aniversarios de plata o de oro, y esa misma noche o en la misma celebración,  se han puesto de acuerdo para al otro día ir a un juzgado y acabar la farsa. Hay muchos que a pesar de todo, por el asunto social mantienen la hipocresía en una celebración a lo ancho y a lo largo, con reseña social en las páginas de la prensa o en programas de televisión. Se celebra la fiesta y todo, pero lamentablemente no es algo serio de celebrar.

En nuestros matrimonios canónicos es triste la burla que se hace al Sacramento recibido, podrán decir algunos: ´´pero por lo menos se celebra el sacramento´´, pero bien sabemos hoy, que en un proceso de nulidad, saldría a la luz que el sacramento no se dio; a tal punto que un insigne canonista de la Iglesia de la Rota Romana, decía cuando escribió sus memorias, que la mayoría de nuestros matrimonios por la Iglesia eran nulos, por la falta de recta intención de los contrayentes. Pero gracias al Señor, sabemos por este periódico Camino de muchas parejas, de las cuales reseñamos sus celebraciones de aniversario, su testimonio de una vida matrimonial, no perfecta, pero sí con muchas experiencias que hacen vivir, dar gracias a Dios y celebrar.

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