La administración del Santuario de Higüey, ya desde el siglo XVI, la llevaban laicos. En esa larga historia se encuentra la figura del quinto abuelo de Simón Bolívar (hacia 1560), que se llamó, precisamente, Simón Bolívar. A ese ministerio u oficio se le llama allí “Mayordomo del Santuario”. Fue el que dirigió la construcción del antiguo Santuario de Higüey.

Cuatrocientos años después, había desórdenes en esa administración. El Arzobispo Beras, que utilizaba las limosnas de los peregrinos para sostener el Seminario, envió al padre Luis Gómez, con la misión expresa de “meter a Higüey en cintura”. Así lo hizo. La memoria de la gente recuerda esta anécdota de la época: había un grupo de señoras que se habían apoderado de unos bancos de la Iglesia, donde sólo se sentaban ellas. Cierto día lo estaban haciendo. El padre Gómez estaba en el altar y no podía bajar. Entonces dice a un laico: -“Vaya y dígale a esas señoras que esos bancos son de todos. No de ellas solas. Dígalo con autoridad”.

El laico empezó a decírselo con autoridad. Ellas repicaron molestas. El laico se asustó y les dijo: -“Dice el padre, dice el padre”.

El padre Gómez cumplió la misión expresa, que le confió el Arzobispo. Dejó en Higüey un gran testimonio.