La crisis en la relación entre el hombre y el medio ambiente

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461 El mensaje bí­blico y el Ma­gisterio de la Iglesia constituyen los puntos de referencia esenciales para valorar los problemas que se plan­tean en las relaciones entre el hombre y el medio ambien­te.969 En el origen de estos problemas se puede percibir la pretensión de ejercer un dominio absoluto sobre las cosas por parte del hombre, un hombre indiferente a las consideraciones de orden moral que deben caracterizar toda actividad humana.

La tendencia a la explo­tación «inconsiderada» 970 de los recursos de la creación es el resultado de un largo proceso histórico y cultural: «La época moderna ha ex­perimentado la creciente ca­pacidad de intervención transformadora del hombre. El aspecto de conquista y de explotación de los recursos ha llegado a predominar y a extenderse, y amenaza hoy la misma capacidad de aco­gida del medio ambiente: el ambiente como “recurso” pone en peligro el ambiente como “casa”. A causa de los poderosos medios de transformación que brinda la ­civilización tecnológica, a veces parece que el equili­brio hombre–ambiente ha alcanzado un punto crítico».971

 

462 La naturaleza aparece como un instrumento en las manos del hombre, una realidad que él debe manipular cons­tantemente, especialmente mediante la tecnología. A partir del presupuesto, que se ha revelado errado, de que existe una cantidad ilimitada de energía y de recursos utili­zables, que su regeneración inmediata es posible y que los efectos negativos de las mani­pulaciones de la naturaleza pueden ser fácilmente absor­bidos, se ha difundido y pre­valece una concepción reductiva que entiende el mundo natural en clave mecanicista y el desarrollo en clave consumista. El primado atribuido al hacer y al tener más que al ser, es causa de gra­ves formas de alienación humana.972

Una actitud semejante no deriva de la investigación científica y tecnológica, sino de una ideología cientificista y tecnócrata que tiende a condicionarla. La ciencia y la técnica, con su progreso, no eliminan la ne­cesidad de trascendencia y no son de por sí causa de la secularización exasperada que conduce al nihilismo; mientras avanzan en su ca­mino, plantean cuestiones acerca de su sentido y hacen crecer la necesidad de res­petar la dimensión trascendente de la persona humana y de la misma creación.