Jacinda Ardern y el Liderazgo empático 

Tiene 41 años y es la pri­mera ministra de Nueva Zelan­da, un país que son dos islas del Pacífico Sur, cerca de Aus­tra­lia. Ya va por su segundo período y en las últimas elecciones podríamos decir, que “arrastró con todo”, fruto de sus ejecutorias basadas sobre todo en su liderazgo empático.

Vale señalar que Nueva Ze­landa ha tenido notoriedad en los últimos tiempos por la ­lamentable tragedia ocurrida en el 2019 cuando un fanático racista entró en una mezquita y asesinó a varios musulmanes que estaban en oración, e iba transmitiendo sus actos por Facebook live. También este país ha tenido en los últimos tiempos un ma­nejo de su eco­nomía con un crecimiento ejemplar, y en los días de pandemia unas directrices que lo han llevado a ser uno de los lugares donde me­nos víctimas se han registrado, y en ser de los primeros en normalizar su vida. 

En todo esto ha estado presente el liderazgo y la conducción de su primera ministra. Jacinda Ardern pertenece al partido Laborista, de corte fuer­temente liberal, muy de­fensora y vocera del cambio cli­mático. Esta ha sido una de las panaceas de su go­bierno. Es una mujer que está muy al día con las tecnologías para comunicarse con su gente y para su quehacer político, y es colocada como un ejemplo de la realización de un gobierno donde las implicaciones del liderazgo empático se han he­cho sentir.

El liderazgo empático es definido como aquel que “permite al líder ubicarse en el lugar de los seguidores y que, mediante el conocimiento de los individuos, habilidades para negociar y técnicas de in­tervención e integración, permite formar equipos de trabajo que generen valor agregado en sus actividades, dando ventajas competitivas a sus organizaciones, así como un incremento notable de la productividad, mediante innovaciones de calidad a los procesos producti­vos”, según la definición pro­puesta por Guillermo Veláz­quez Valadez en su obra “Li­deraz­go empático”. 

Ardern ha hecho esto parte de sus programas de gobierno, ya que desde que comenzó en su ejercicio gubernamental, en su primer período, retó a sus colaboradores a que trabajaran no a partir de las necesidades de la obtención que el gobierno pu­diese tener vía presupuesto, sino en base a la necesidad de bienestar de la gente, que se ubicaran en el lugar de las ne­cesidades de los neozelandeses y desde ahí programaran dicho presupuesto. 

El resultado fue que la calidad de vida del país ha mejorado, más de lo que estaba, lo que se hizo en la pandemia, su victoria aplastante para un se­gundo período y otros renglo­nes más.

El Papa Francisco en su re­ciente viaje a Chipre y Gre­cia, invitaba en Atenas a forta­lecer y revalorizar la democracia frente a los populismos y po­tencias internacionales, so­bre todo el populismo que tan­to daño nos ha hecho retardando cada día más la primavera de la democracia entre noso­tros.

Ojalá que por los predios nuestros apareciesen líderes como Jacinda Ardern, en el plano del liderazgo político, capaces de entrar en esa empa­tía con lo que el pueblo necesita, ubicarse en el lugar del otro, sobre todo el otro pobre y ne­cesitado y a partir de ahí trabajar eficazmente por el bienestar de la patria, pues el  ejercicio del liderazgo empático es parecido a la encarnación de Dios, que al enviar a su Hijo, al en­carnarse, al volverse humano, se hizo uno de nosotros y obtuvo nuestra salvación, nos dio nueva vida y vida en abundancia.

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